MACONDO
REVISTA
CULTURAL ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.
Lima, julio del 2014 Número 03
Homenaje
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Alberto Valcárcel
1944 - 2010 |
POESÍA
LO FATAL
Dichoso
el árbol, que es apenas sensitivo,
y
más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues
no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni
mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo
cierto,
y el
temor de haber sido, y un futuro terror,
y el
espanto seguro de estar mañana muerto
y
sufrir por la vida, y por la sombra, y por
lo que no conocemos y apenas
sospechamos,
y la
carne que tienta con sus frescos racimos,
y la
tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni
de dónde venimos!...
(Rubén
Darío, Nicaragua 1867 – 1916)
POEMA DEL RENUNCIAMIENTO
Pasarás
por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás
por mi amor ,y, al pasar,
fingiré
una sonrisa, como un dulce contraste
del
dolor de quererte... y jamás lo sabrás.
Soñaré con el nácar virginal de tu
frente:
soñaré
con tus ojos de esmeraldas de mar
soñaré
con tus labios desesperadamente:
soñaré
con tus besos... y jamás lo sabrás.
Quizás pases con otro que te diga al
oído
esas
frases que nadie como yo te dirá:
y,
ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te
amaré más que nunca ... y jamás lo sabrás.
Yo te amaré en silencio, como algo
inaccesible,
como
un sueño que nunca lograré realizar:
y el
lejano perfume de mi amor imposible
rozará
tus cabellos... y jamás lo sabrás.
Y si un día una lágrima denuncia mi
tormento,
---
el tormento infinito que te debo ocultar--
te
diré sonriente: “No es nada... Ha sido el viento”.
Me
enjugaré la lágrima... ¡y jamás lo sabrás!
(José
Ángel Buesa, Cuba 1910 – Rep. Dominicana 1982)
CARTA A MARÍA TERESA
Para
ti debo ser, pequeña hermana.
el
hombre malo que hace llorar a mamá.
Yo
me interrogo ahora:
¿por
qué no he amado sólo
las
rosas repentinas,
la
mareas de junio,
las
lunas sobre el mar?
¿Por
qué he debido amar
la
rosa y la justicia,
el
mar y la justicia,
la
justicia y la luz?
Fui
un niño como todos.
También
mi infancia
la
atravesaba un río
y
tenía una hora misteriosa
en
la cual las palomas
a mi
alma obedecían.
Pero
me preguntaba:
¿por
qué en mi calle
la
alegría es un viento
fugaz
e inesperado?
¿por
qué no siembran trigo
también
sobre mi pecho
si
aquí en mi corazón,
todas
las noches,
se
desbordan los ríos?
Por
eso fue una noche
el
rostro de mi madre,
astro
de cera y llanto
en
el cielo apagado de mi celda;
por
eso me negaron
el
Perú en mi desvelo,
y
vanamente grito:
devolvedme
mi patria,
devolvedme
mi escuela de palomas,
mi
casa frente al mar,
devolvedme
su calle más pequeña,
su
lámpara más rota,
su
más ciego lugar.
A
pesar de todo esto,
para
ti debo ser pequeña hermana,
el
fantasma que vuelca
la
sal sobre la mesa,
el
mal hado que rompe
las
puntas de los días:
y es
que a ti te hace daño
ver
llorar a mamá.
Mas
una tarde, hermana;
te
han de herir en la calle
los
juguetes ajenos;
la risa
de los pobres
ceñirá
tu cintura
y
andando de puntillas
llegará
tu perdón.
Cuando esa hora suene
es
que amarás las rosas,
las
mareas de junio,
el
jardín de diciembre
donde
los niños van;
es
que amarás mis sueños
y
mis cosas,
¡sabrás
por qué se rompe
fácilmente
por
la mitad el pan!
Cuando
esa hora suene
y se
empadrine en padre mi orfandad,
iremos
de la mano
por
las calles de Lima,
en
trinidad de gozo:
la
risa de mamá.
(Juan
Gonzalo Rose, Perú 1928 – 1983)
CRÓNICA
PUERTO PIZARRO
Balance de las arenas
Balance de las arenas
(por Alberto Valcárcel)
I
Entre
los siglos X y XIII, Puerto Pizarro, que no se llamaba así entonces, era una
caleta importante de los aguerridos tumpis, antiguos señores de la región.
El
arte de confeccionar balsas de totora y troncos era bastante común, así como navegar
grandes distancias intercambiando productos manufacturados (conchas talladas,
chaquiras, figurillas), pieles y alimentos de uso diario.
En
tales aventuras, surgió el amor y el nombre de los tumpis se extendió desde la
isla de Puná, hasta el actual Panamá y México, cuando la hermosa Talila (hija
del curaca) se desposó con el señor de Puná, un jefe casi anciano, famoso por
su mal genio. Bueno pues, Talila lo puso a sus pies y empezó a gobernar.
De
esta relación nacieron 11 hijas, que cual 11 pétalos fragantes y luminosos,
fructificaron los trabajos de entonces y de mañana.
Es
de ellas que proviene la dinastía de las capullanas y el mito de las amazonas,
que llenaron de oro la imaginación europea y de historias las páginas del
tiempo.
El
descendiente más famoso de la extraordinaria Talila fue nada menos que el
curaca Chilimasa, jefe de los tumpis, cuando en marzo de 1532, irrumpió en los
manglares de Francisco Pizarro y los suyos.
En
realidad, “los suyos” eran unos pocos españoles y, el resto de la tropa,
naturales de Centroamérica y caribes, amén de africanos y perros entrenados
para matar.
La
resistencia de Chilimasa duró varias semanas.
Aunque
Chilimasa nunca fue atrapado, la derrota no se hizo esperar, los chapetones
pusieron en práctica la costumbre de “tierra arrasada”, con tan cuidado empeño
que, en pocos meses de los tumpis no quedó ni templo, ni huaca, ni plazas,
adoratorios, telares, orfebrería, ni mucho menos los talleres, donde una casta
escogida modelaba la arcilla, copiando con hálito divino formas que la lluvia
aconseja.
II
A
las 5 de la tarde, el reposo es ley para los de Puerto Pizarro.
Sus
casas de madera se levantan muy cerca al mar, de modo que sobre un mantel de
arena, el Sol nos sirve generoso un crepúsculo guarnecido de peces amarillos y
cobrizas conchas que destilan jugos robados al invierno.
No
hay apuro.
El océano
se junta en los manglares como en la boca de una novia, y regala el banquete a
sus vecinos.
Nosotros
somos los primeros en hundir las manos en el verde, supremos de temblores y
besos escapándose… las plantas de los pies humedecidas.
Don
tiempo sabe esperar en estas ocasiones.
III
Ha
llegado la noche.
El
cielo calafatea las rendijas de la soledad antes que los botes mojen sus
quillas en el mar.
Juan
Taboada y sus hijos, como en un rito sacro, empujan lentamente su embarcación
con proa al infinito, seguidos por treinta o cincuenta chalupas.
A la
una de la madrugada, redes y anzuelos inician la cosecha, en el punto exacto
donde se rompen las olas y el viento salino abriga como nunca.
Siluetas
recortadas por débiles faroles dicen más que palabras, cuando a las cinco o
seis de la mañana, todos retornan serenados, desde Punta Capones a Caleta La
Cruz… ocho o diez langostinos a la olla y una cerveza con mis hermanos al salir
el sol.
CUENTO
Iba un hombre montado en su borrico llevando sobre
las ancas del animal a su pequeño hijo:
- Ya me cansé de andar en borrico, padre; tengo
hambre y sueño.
El hombre acicateó al borrico para que apurara la marcha,
pues, ya el sol se ponía y faltaba un buen trecho para llegar al pueblo más
cercano. Conocía de sobra la impaciencia del muchacho, así que, como hacía
siempre, detuvo el animal y se ubicó con el niño bajo un naranjo dispuesto a
contarle un cuento. El niño se acomodó en el regazo de su padre y entonces
aquél le dijo:
Cierto día, iba un padre con su hijo montados en un
borrico, llegados a un recordó del camino, el niño diviso una bolsa a un lado
del sendero.
- Padre, dijo, mira eso parece que alguien perdió la
bolsa.
El niño descendió de borrico y se dio con la
sorpresa de que en la bolsa había una cantidad de monedas de oro. Alguien
debe haberla perdido, dijo el hombre, la llevaremos con
nosotros hasta que encontremos a su dueño. Luego de contar las monedas,
las cuales eran ochenta, subieron al borrico y prosiguieron su camino. Una hora
después llegaron a un pueblo y buscaron albergue en una posada.
- ¿No sabe si alguien ha perdido algo en estos días?, preguntó el padre al posadero.
El hombre dijo que don Telmo, un viejo prestamista,
había perdido una bolsa, dice que estaba llena de monedas de oro, pero
yo no le creo nada a ese viejo tacaño.
- Primero comeremos algo y después devolveremos esa
bolsa, dijo el padre.
- ¿Y por qué no nos lo quedamos? Nosotros lo hemos
encontrado, dijo el niño.
El padre contestó que no, que la gente honesta no
se quedaba con las pertenencias de otro. El niño quedó refunfuñando.
- Debe tener hambre, dijo el posadero. Para usted hay
chuletas de cerdo y ensalada de pepinos y alcaparras de cilantro; para el niño,
ternera con puré de patatas y una buena tarta de nueces.
Comieron opíparamente y, para asentar la comida,
tomaron la bolsa y fueron en busca de ese descuidado señor Telmo. Les abrió la
puerta un anciano recoquín y bigotudo, con una lustrosa calva en forma de
huevo.
- Ah!, dijo el viejo mezquino después de escuchar al
padre, así que sólo hay ochenta monedas, no, pues, sepa usted señor que
eran noventa. Veo que usted ya se cobró la recompensa de diez monedas que había
ofrecido. Bien enterado debe estar. No pudo esperar, como hubiera hecho
cualquier persona decente, a que yo se las diera y se las tomó. ¡Ahora
lárguese, sinvergüenza!
El portazo casi deja sin nariz al pobre hombre. El
niño miraba a su padre desconcertado. No entendía como un hombre que por su
honradez devolvía un dinero a quien lo había perdido era tratado de esa manera.
Algunos aldeanos se habían reunido en torno a la casa del prestamista atraídos
por esa apetitosa bolsa que muchos de ellos hubieran preferido
quedársela. Esto no se queda así, dijo el padre:
- Honradez y honor son hermanos gemelos, si uno es
herido el otro acude en su ayuda; en este caso han sido dañados los dos pero en
este pecho hay valor suficiente para socorrer a ambos.
De regreso a la posada, el hombre daba vueltas y
vueltas por la habitación; de tanto en tanto profería frases contra el viejo
prestamista, su indignación la había tornado eufórico. Vamos, le
dijo al niño. Buscaron al posadero.
- ¿Dónde queda la casa del juez?, preguntó el hombre exaltado.
- En la otra calle, al final, es una casa verde con
tejado marrón, la encontrará fácilmente por el enorme castaño que hay en la
entrada… pero a esta hora…
El posadero se quedó con la palabra en la boca. El
juez lo recibió en pijamas, el gorro en forma de cucurucho que llevaba en la
cabeza hizo sonreír al niño. Llevaba una palmatoria con una vela
encendida.
- ¿A qué se debe esta visita a hora tan inusual mi
estimado Señor? Preguntó el
juez, intrigado.
El hombre se deshizo en disculpas y, luego de
explicar su caso con lujo de detalles, recibió la promesa del magistrado de que
al día siguiente, en la corte, recibiría las disculpas del caso. Al otro día,
muy temprano, el juez, el prestamista, el hombre y su hijo y un gran número de
curiosos, se reunieron en el Salón de Justicia.
- Escuchemos primero la versión de este hombre que
dice haber entregado la bolsa con las monedas de oro tal como las encontró, dijo el juez martillando la mesa con el mazo.
El hombre contó su versión, tal como había sucedido,
sin agregar ni quitar nada, el niño asentía con la cabeza a cada momento como
avalando lo que padre decía; por el contrario, el prestamista negaba con la
cabeza y miraba al público como buscando apoyo. Como todos conocían su fama de
tacaño y ambicioso, levantaban los puños o hacían higas con ambas manos en
señal de mofa. El juez tuvo que llamarlos al orden amenazando con desalojarlos
de la sala. Luego, a una orden del juez, el prestamista dio su declaración,
todo un discurso grandilocuente buscando impresionar al juez y a los
concurrentes a la sala. Toda una perorata llena de infundios,
mentiras y calumnias. Insisto, Señoría en que fueron noventa monedas de
oro las que cayeron de mi carruaje aquel infortunado día, y no ochenta como
afirma este sujeto, concluyó con gran ceremonia el viejo Telmo.
La sala permaneció en silencio durante unos minutos
que para el niño fueron una eternidad, para el hombre una angustia y para el
prestamista una pausa que se tomaba el juez antes de darle la razón.
Después de rascarse la cabeza, el mentón y
carraspear reiteradamente, dijo el Juez con solemne voz: Ambos
testimonios son veraces, no dudo de lo que estos señores dicen y no encuentro
contradicción alguna en sus declaraciones. Todos se miraron
intrigados, pues, daban por sentado que había un mentiroso en esa sala y
querían que su cabeza rodara a como dé lugar.
- Mi querido Señor, dijo el Juez al prestamista, tiene
usted razón, pero no la tiene. Es cierto que usted perdió una bolsa con
monedas, pero también es cierto que el Señor encontró una de ochenta, por lo
tanto ésta no es la bolsa que perdió.
El Juez tomó la bolsa y se la entregó al hombre que
se la podía quedar; éste se quedó asombrado, el niño feliz y al viejo Telmo
parecía que la cabeza de huevo le iba a estallar.
- Usted no se preocupe, dijo el Juez al prestamista, ya
aparecerá su bolsa, tenga fe, hombres honestos como este señor hay muchos por
la tierra buscando bolsas para devolver. Señores, caso cerrado.
Cuando el padre terminó de contar la historia, ya el
hijo se hallaba más relajado como para continuar en camino. Montados sobre el
borrico iban el padre y su hijo, llegados a un recodo del camino, el niño
divisó una bolsa a un lado del sendero. El niño bajo del borrico y corrió hacia
la bolsa. Está llena de monedas de oro, las contamos papá. El
padre lo miró con una sonrisa de complicidad. No hay necesidad, hijo,
apurémonos que nos esperan unas chuletas de cerdo, una ensalada, una ternera,…
- Y una bolsa con monedas de oro, dijo el niño sonriente.
Wolfsschanze,
abril del 2000.
EL
MUNDO HOY
Un
equipo de geólogos cree que la acción humana pudo desencadenar el terremoto de Lorca (en el sur de
España), que dejó nueve muertos y decenas de heridos en 2011. Los expertos
descubrieron una conexión entre el mortífero temblor y la excesiva extracción
de agua subterránea para riesgo en ciertos lugares.
CHINA
En
2012, los turistas chinos gastaron 102.000 millones de dólares viajando por
todo el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo de la ONU,
esto coloca por primera vez a China a la
cabeza de los países que más gastan en turismo internacional, por encima de
Alemania y Estados Unidos, cuyos turistas gastaron 84.000 millones y 83.000
millones, respectivamente.
Se
ha prohibido la importación, producción y utilización de bolsas de plástico en el país a fin de proteger a los animales
marinos y terrestres, que pueden morir si se las tragan. El gobierno está
promoviendo el uso de bolsas biodegradables.
JAPÓN
La
revista británica de medicina BMJ publicó los resultados de un estudio en el
que se dio seguimiento a casi 68.000 personas en Japón durante un promedio de veintitrés años. Los
investigadores descubrieron que las mujeres nacidas entre 1920 y 1945 que
comenzaron a fumar antes de los 20 años
vivieron en promedio diez años menos que las que nunca habían fumado; los
hombres vivieron ocho años menos.
En
una encuesta en la que se entrevistó a adolescentes de entre 12 y 17 años, el
72% dijo que lo que más los aterrorizaba era el ciberacoso. Muy por debajo les seguían los que dijeron tenerle
miedo a las drogas (55%), a que un adulto abusara de ellos (44%) y a contraer
una enfermedad de transmisión sexual (24%)
BRASIL
Casi
800.000 personas fueron asesinadas con armas de fuego entre 1980 y 2010. Más de
450.000 tenían edades comprendidas entre los 15 y los 29 años. Un análisis de
los crímenes más recientes demostró que los asesinatos suelen estar relacionados con peleas domésticas,
problemas con los vecinos, celos o pleitos entre conductores.
Según
la encuesta realizada en 2013 por la Fundación de la Opinión Pública, el 52% de
los cristianos ortodoxos rusos nunca ha leído la Biblia, y el 28% ora muy poco.
INTERNACIONAL
Las
pérdidas del sector asegurador debidas a desastres
climáticos ascienden a unos 50.000 millones de dólares anuales. Tomando en
cuenta la inflación, dichas pérdidas han aumentado a más del doble cada década
desde los años ochenta.
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