MACONDO
REVISTA CULTURAL
ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.
Lima, julio del 2015 Número 15
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| Jorge Luis Borges, Argentina 1899 - Suiza 1986 |
POESÍA
ELEGÍA
LAMENTABLE
Desde este mismo instante seremos dos
extraños
Por estos pocos días, quien sabe cuántos años...
Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
---uno de esos que nadie confiesa haber leído.
Y así mañana, al vernos en la calle, al acaso,
tú bajarás los ojos y apretarás el paso,
y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera...
Seremos dos extraños desde este mismo instante
Y pasarán los meses, y tendrás otro amante:
Y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casarás con él.
Y ya, más que un esposo, será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar a una fecha.
Acaso, cuando llueva, recordarás un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
y quizá nunca más te pongas aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa.
¿Qué más puedo decirte? Será la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
tras fregar los platos y tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas...
Y así, años y años, hasta que finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre.
Y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
(José Ángel Buesa, Cuba 1910 – República Dominicana 1982)
AUSENCIA
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
(Jorge Luis Borges, Argentina 1899 – Suiza 1986)
CUENTO
DE SAPOS, RANAS Y RATONES
(por Guillermo Delgado)
¡Oh dioses!
Grande es la hazaña que
van a
contemplar mis ojos.
Homero.
La
batiacomiomaquía.
Para Gustavo y
Violeta Valcárcel,
desde la misma
ribera.
I
Vagando por un bosque iba
un gato, cuando vio que una comadreja que luchaba por extraer de un tronco
hueco a un pequeño sapo el cual inflaba sus carrillos buscando alejar al animal
que ponía en peligro su vida. Al ver al gato que se aproximaba
amenazadoramente, la comadreja buscó refugio entre el denso boscaje.
-
Puedes salir,
la comadreja ya se marchó, dijo el gato. El sapo, desconfiado y
precavido, se mantuvo inmóvil lejos de alcance del felino.
-
No tengas
miedo, no te haré daño, tan sólo voy de pasada, busco un lugar donde vivir,
pues, me han arrojado de mi hogar y ahora no tengo donde ir.
Algo en las palabras del
minino hicieron reflexionar al sapo, quien de dos saltos salió de su escondite.
-
Te veo muy
apenado y si algo puedo hacer por ti, te agradeceré me lo digas. Si
no hubiera sido por tu ayuda, ahora estaría en el estómago de esa comadreja, dijo el sapo.
- Qué podrías hacer tú por el
contrario el mal que me embarga, sapito, si yo con estas garras no he podido
acabar con Roequeso y sus compinches.
-
¡Roequeso!, y
quién es ese que tanto daño te ha causado, peguntó el sapo.
-
Un ratón,
contesto el felino.
-
¡Un ratón, pero
acaso un gato no es más fuerte que un ratón, preguntó el sapo!
-Así es, dijo el gato, pero
él tiene muchos ratones que lo obedecen y juntos invadieron la casa donde yo
vivía hasta lograr apoderarse de ella.
Es por ello que mi amo, un
anciano comerciante, decidió arrojarme por inútil.
-¿Y tú no tienes amigos que
te ayuden?, preguntó el sapo.
-
No los gatos
somos muy solitarios y ariscos.
-
Vaya problema
en el que te encuentras, dijo el sapo mientras reflexionaba sobre que hacer.
II
Llegada la noche, el sapo y
el gato ya se habían hecho amigos.
Bocagrande, que así se
llamaba el sapo, buscó un lugar cómodo cerca al estanque donde habitaba para
que el felino pudiera descansar. Al otro día, muy temprano, el gato
fue despertado por el croar de un gran número de ranas que asomaban sus bocas
desdentadas de entre las mansas aguas.
Ágiles y buenos nadadores
los batracios jugueteaban entre los juncos largos y punzantes que crecían cerca
al blando césped de la ribera.
-
Ven, felino
dijo Bocagrande, iremos a buscar a Croafuerte, es una rana muy sabia y nos dirá
lo que debemos hacer para eliminar a esos molestos ratones que han traído
tristeza a tu corazón.
Acompañados por dos ranas,
Adoracieno y Fangosa, Bocagrande y el gato atravesaron un terreno boscoso
cubierto de cañas, juncos y abundantes hojas de malva. A los pocos
minutos unos estruendosos sonidos remecían las ramas más delgadas y las hojas más
tenues de los árboles: era el croar de un gran número de ranas anunciando la
llegada de unos intrusos a los linderos de Croafuerte.
Los recién llegados fueron
recibidos por un enorme sapo que se hacía llamar BocadeGlobo. Su
piel era áspera y seca, su cuerpo rechoncho y lleno de verrugas y los ojos
saltones a cada lado de su robusta cabeza, llamaron la atención del gato quien
recibió una inspección ocular minuciosa por parte de BocadeGlobo.
El sapo les informó que
debían esperar la noche para ver a la reina Croafuerte pues, ésta se hallaba
descansando.
Vive oculta entre las
piedras durante el día y sólo sale por la noche a devorar gran cantidad de
insectos, gusanos y moluscos, concluyó BocadeGlobo.
Habituado a dormir durante
el día. El felino no pudo pegar los ojos ante aquel interminable coro de ranas
que no cesaba de croar. Al entrar la tarde, e invadido por el
cansancio, el gato se quedó dormido a la ribera de un estanque.
III
La luna, aquella noche
despejada de nubes, lucía más bellas que nunca.
De todos los rincones del
estero asomaron un gran número de ranas. Hasta las ranas arborícolas
descendieron de los árboles con las bolsas bucales infladas listas para
croar. El gato, tranquilo y cauteloso, parecía haberse acostumbrado
a aquel coro de batracios que tan bien lo habían acogido.
Perseguida por numerosas
ranas. Croafuerte apareció de entre las hojas que cubrían gran parte
del estanque. Su cuerpo era largado y esbelto, cubierto por una piel
lisa y resbaladiza. De inmediato y luego de escuchar el asunto que
BoacadeGlobo se traía entre patas, la reina Croafuerte hizo un recuento del
perjuicio que los ratones en otro tiempo habían ocasionado a las ranas.
-
Roer es el bien
supremo de esos asquerosos animales, dijo la reina refiriéndose a los ratones.
Son muy traicioneros pero tantos, por eso muchos de ellos terminaban sus días
en ese ligneo armadijo que los humanos llaman ratonera. Pero.
Cuidado, pues, son muy rápidos y saben organizarse muy bien para cometer sus
fechorías.
Por donde pasan toda queda
raído y agujereado. Siempre van en dos grupos. Muchas
lunas hacen que vinieron por estos lares a posesionarse de nuestros estanques,
a pesar de ser animales de tierra.
Aquella pérfida incursión
bastó para demostrar que la ambición de esos bichos no tiene límites y que
siempre están dispuestos a todo para lograr sus viles metas.
-
Tú sabiduría es
admirable, Croafuerte, dijo Bocagrande bus ando en ese halago ganarse a la
reina para su causa.
-
Todo se lo debo
a Homero, aquel poeta griego quien sabiamente contó el bélico tumulto que se
armó entre ranas y ratones. De sus labios brotó aquel espectáculo
horrendo que ensangrentó las aguas de la laguna y sus riberas. Hasta
el cielo se tiño del ardiente rojo que brotó de los cuerpos mutilados de ranas
y ratones. Y hay que decirlo, porque la ingratitud sería mala compañera para el
destino d e las ranas en este mundo, que de no haber sido por la ayuda del gran
Zeus, cuyo rayo vengador descendió del celestial Olimpo, los ratones habrían
acabado con el ranal que habitaban nuestros ancestros, concluyó la rana con los
ojos humedecidos por las lágrimas.
-
Tengo entendido
que fueron unos animales de marcha oblicua y provistos de fuertes pinzas
quienes socorrieron a las ranas dijo Adoracieno, quien escuchaba con atención
la narración de Croafuerte.
-
Así es, dijo la
reina, eran unos acorazados de fuertes carapachos convocas guarnecidas de
mandíbulas potentes con las cuales cortaron colas, pies y manos de ratones por
doquier. Se llamaban cangrejos y a ellos las ranas deben agradecer
lo mismo que al poderoso Zeus.
La reina comenzó a croar
pidiendo que sirvieran algunos bocadillos para agasajar a los
visitantes. El gato se abstuvo de probar aquellos majares cuya base
era todo tipo de insectos, incluyendo algunos pececillos y lagartijas
Bocagrande, Fangosa y Adoracieno comieron sin ningún empacho.
Toda la noche se la pasaron
los batracios y el gato planificando la manera de poner fin a la incursión de
los roedores en la casa donde vivía el minino. Llegada el alba, toda
conversación había concluido. El plan estaba listo y era sumamente
efectivo.
Ni un roedor quedaría con
vida. El gato se lamió los bigotes de contento, pues, de solo pensar
que Roequeso y Robatodo, Labraagujeros, Aserradera, Ratóngordo y todos esos
bandidos de cola larga tenían sus horas contadas, lo hizo pensar que
tan largo viaje había rendido sus
frutos. Luego de comer unos pescados dorados que había logrado
atrapar en un riachuelo, el felino se echó a descansar, pues, el viaje de
regreso sería agotador y había que guardar fuerza para enfrenar a sus
ponzoñosos enemigos.
En sus sueños resonaron las
últimas palabras que había dicho Croafuerte: Hacemos esta guerra
nuestra, porque si bien los hombres han cambiado, los enemigos siguen siendo
los mismos.
IV
Mientras tanto, por el lado
de los ratones, estos se habían apoderado de gran parte de la casa la cual,
libre del gato, se había convertido en tierra de todo aquel que tuviera
bigotes, cola larga y dientes fuertes par roer, papel, madera, queso, pan,
semillas, trigo, todo, todo pasaba por los dientes filudos de los ratones, cuyo
apetito voraz no tenía parangón.
El anciano estaba como
loco, pues, las trampas no surtían efecto ya que los ratones habían encontrado
un medio de evadirlas, lanzando amasijos en el lugar preciso donde el viejo
colocaba la carnada. Una vez accionada e inutilizada la trapa,
Cometrigo, Bigotes y Orejagrande, se encargan de juntar la carnada en una bolsa
que luego transportaban hasta sus escondrijos.
Una mañana, el Sumorratuno
llamó a Roequeso y le dijo que era urgente tomar medidas más drásticas para
arrojar al viejo de la casa, pues, pronto vendrían otros ratones y se haría
necesario copar el segundo piso para albérgalos y que mientras el anciano
permaneciera en dicho ambiente eso se haría muy difícil.
Roequeso encargó a
Dienteroído y Taladrapisos roer las escaleras que conducían a la segunda planta
para que el inoportuno anciano no pudiera trasladarse de una planta a otra.
-
Les doy esta
importante comisión, pues, confío plenamente en vuestros poderosos incisivos,
les dijo Roequeso.
A partir de ese día los
peldaños fueron perdiendo consistencia, poniendo en serio riesgo la vida del
anciano comerciante. Pero yo por esos días el felino y sus amigos
los batracios habían regresado y el plan de contraataque del gato estaba listo
para comenzar.
Conocedores de que el
anciano acostumbraba diariamente navegar sobre la laguna, fueron Juncalero y
Ranaflaca los encargado s de presentarse con el fin de atraer la atención de
los ratones. Fue tal el alboroto que armaron Juncalero y Ranaflaca
que los roedores no tardaron en asomar sus hocicos por puertas y ventanas.
-
¿Qué quieren?
Dijo la voz chillona de Ratóngordo.
-
Queremos
quejarnos, pues, somos víctimas del hombre que habita en esta casa, que con su
bote y sus remos perturba la tranquilidad de nuestras tardes.
-
¡Bah! Y eso a
nosotros que nos importa, hipó la voz de Oliscón, ya nosotros tenemos nuestros
problemas con él como para que nos preocupemos de los vuestros. Así
que será mejor que se larguen antes de que nosotros los echemos.
-
Qué pena que no
dispongamos de buenos dientes como para roer la embarcación del viejo y echarlo
a pique para que se ahogue, dijo Ranaflaca.
-
Sí, tienes
corazón amigo dijo el sapo Juncalero, de ser así nuestro plan no fallaría, pero
en fin, será mejor que nos marchemos pues, pronto oscurecerá.
Cuando ya los batracios se
habían internado en el bosque, un grupo de ratones encabezados por Sumoratuno
les dio alcance.
- Unos momentos amigos, dijo
el líder de los ratones, dice
Oliscón que tienen un plan para deshacerte del anciano que tanto lo inoportuna.
V
Entrada la tarde un grupo
de ratones entre los que se encontraban Taladrapisos, Aserradero, Colilarga,
Bigote y Roequeso, llegaron hasta la laguna donde el bote del viejo se hallaba
varado. Allí los esperaban, según lo acordado el día anterior, una
comitiva de ranas y sapos encabezados por BocadeGlobo.
-
Bueno, amigos
dijo Roequeso, según ustedes tienen un plan para acabar con ese viejo
inoportuno, pues bien estamos dispuestos a unir nuestras fuerzas con la de
ustedes para solucionar un problema queso aqueja a ambos por
igual. Queremos que sepan que los ratones somos ciento por ciento
efectivos, somos animales muy organizados y unidos, prueba de ello es que no
hace mucho tiempo, logramos arrojar de la casa nuestro enemigo ancestral el
gato. Ese fue nuestro primer paso hacia la conquista de la casa, el
segundo y definitivo golpe se lo hemos de dar al viejo.
-
Pero veo que no
han podido con él, interrumpió Hinchaboca.
Colalarga lo miró con
desprecio y Taladrapisos trató de darle una mordida pero la oportuna
intervención de Roequeso fue crucial.
-
No seas
estúpido le dijo Roequeso a Taladrapisos en voz muy baja, no ves que sin estas
tontas no podremos deshacernos del viejo. Descánsame esos diente,
muchacho, ya tendrás la oportunidad de clavarlos en las canillas de esas ranas.
Roequeso retomó el hilo del
asunto.
-
Hemos raído su
cama, destruido la escalera, y una serie de incursiones más, pero hasta ahora
todo ha sido inútil. Ese viejo es muy testarudo, dijo el ratón
bastante contrariado.
-
No se
preocupen, dijo BocadeGlobo, nosotros también nos hemos ido de bruces en todos
nuestros intentos por hundir esta embarcación, pero bueno, escuchen cuál es
nuestro plan.
Las diez orejas ratoniles
pusiéronse en alerta.
El plan consiste en roer la
embarcación cuando el viejo se encuentre en medio de la laguna y ese trabajo lo
harán ustedes, dijo Fangosa.
Los ratones cruzaron
miradas desconcertadas.
-
Y cómo diablos
lograremos roer el bote, acaso olvidan que nosotros no somos animales
acuáticos, dijo Bigote.
-
Eso no será
problema, nosotros los llevaremos sobre nuestras espaldas a través del agua y
permaneceremos cerca al bote todo el tiempo que sea necesario para que ustedes
puedan hacer su trabajo.
Los ratones seguían
desconcertados.
-
Ven, amigo, le
dijo Juncalero a Colilarga, súbete sobre mí, agárrate de mí lo más fuerte que
puedas y te demostraré lo fácil que resulta todo.
-
Y tú, díjole
Adoracieno a Aserradero, ven también para que veas qué placentero será el
viaje.
Ambos ratones se negaron a
cumplir los requerimientos de los batracios, pero una furibunda mirada de
Roequeso bastó para que ambos treparan sobre las ranas en un santiamén. Luego
de dar varias vueltas a la laguna, los ratones se mostraron encontrados con la
demostración.
-
Trato hecho,
amigos, dijo Roequeso muy sonriente. Mañana por la tarde traeremos
un equipo de roedores así que vayan preparando sus espaldas.
Una vez que los ratones se
hubieran marchado, Croafuerte y su séquito salieron de entre los juncos
acompañados por el felino. El plan de venganza estaba en marcha y
nada podría detener el fin de los roedores. , Los ratones habían
mordido el anzuelo.
VI
La noche anterior al día
convenido, los ratones celebraron consejo.
Actuarían en dos grupos
debido a que la madera con que estaba construido el bote del anciano era muy
fuerte y difícil de roer. El primer grupo estaría conformado por
Cometrigo, Bigotes, Ratóngordo, Robatodo, Taladrapisos y Oliscón. El segundo,
por Colilarga, Orejagrande, Dienteraído, Labraagujeros y Aserradero.
Roequeso comandaría al
primer grupo, Dientefuerte al segundo. El Sumorratuno permanecería
en un lugar estratégico cerca de la orilla, de allí dirigiría la operación de
hundimiento. Al día siguiente el viejo comerciante llegó puntual a
la cita. Subió al bote y comenzó a remar. Ya en el centro
de la laguna, dejó los campos y se puso a fumar su pipa, mientras sus ojos
acerados contemplaban al cielo límpido de nubes.
Ranas y sapos se colocaron
en sus puestos cerca de la ribera. Los dos grupos, con fácil salto,
subieron sobre los lomos de los batracios quienes comenzaron a nadar con suma
presteza.
Con gran regocijo los
roedores observaban cómo la imagen de Sumoratuno se iba empequeñeciendo a
medida que se alejaban de la orilla y se adentraban en la
laguna. Cuando la distancia en que se hallaban las ranas con su
pesada carga fue considerada la adecuada, se escuchó un canto
gutural. Era el canto del Croafuerte que parecía provenir d siglos
atrás. De inmediato, los batracios se sumergieron buscando
instintivamente el fondo fangoso de la laguna.
Los ratones, sorprendidos,
quedaron de espaldas sobre el agua lanzando hipos de angustia. Los
roedores chillaban y chirriaban buscando algún madero o junco a que
aferrarse, pero todo resultaba inútil. Sólo Ratóngordo y Oliscón
permanecían aferrados al cuello de las ranas amenazando asfixiarlas, pero luego
de un breve tiempo tuvieron que soltarse y emerger buscando el aire que
necesitaban.
Cuando Sumorratuna cayó en
la cuenta de que todo no había sido más que una trampa, trató de huir, pero el
gato lo tomó desprevenido del cogote.
Las fauces del felino se cerraron
lo necesario como para mantener con vida al roedor quien, con profunda congoja,
veía a su legión de soldados sucumbir en las aguas tranquilas de aquella laguna
donde siglos antes sus ancestros habían estado a punto de acabar con el reino
de los batracios.
VII
Cuando el viejo regresó a
la casa, ya muy entrada la tarde, encontró al gato que jugaba con
un ya agónico Sumorratuno. De una mirada somera, el
anciano se percató de que no había ratones por ninguna parte.
No cabía otra explicación,
había sido el gato el gestor de aquella hazaña. El anciano,
arrepentido, tomó al minino y lo acicaló durante un buen rato. En
pocos días la casa volvió a ser lo que había sido antes: un mar de paz y
tranquilidad.
VIII
Una noche estrellada en que
la luna se mostraba en todo su esplendor, el gato se asomó a la ventana y
escuchó el lejano croar de las ranas. El viejo dormía plácidamente
como en los viejos tiempos. El croar incesante de aquellos pacíficos
animales que lo habían ayudado invadió sus recuerdos.
Dos lágrimas de
agradecimiento humedecieron la cara del gato mientras recordaba las palabras de
Croafuerte: ¡Oh Dioses! Grande es la hazaña que van a contemplar mis
ojos.
Wolfsschanze, 2001.








