MACONDO
REVISTA
CULTURAL ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.
Lima, junio del 2014 Número 02
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| Casa Museo de Gabriel García Márquez en Aracataca |
POESÍA
TRISTITIA
Mi
infancia que fue dulce, serena, triste y sola,
se
deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre
el manso rumor con que muere una ola
y
el tañer doloroso de una vieja campana.
Dábame
el mar la nota de su melancolía,
el
cielo la serena quietud de su belleza,
los
besos de mi madre una dulce alegría,
y
la muerte del sol una vaga tristeza.
En
la mañana azul, al despertar, sentía
el
canto de las olas como una melodía
y
luego el soplo denso, perfumado, del mar...
y
lo que él me dijera, aún en mi alma persiste:
mi
padre era callado y mi madre era triste,
y
la alegría nadie me la supo enseñar.
(Abraham Valdelomar,
Ica 1888 – Ayacucho 1919)
POEMA NÚMERO VEINTE
Puedo escribir los versos
más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La
noche está estrellada,
y tiritan, azules, los
astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira
en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos
más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella
también me quiso.
En las noches como esta la
tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el
cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo
también la quería.
Cómo no haber amado sus
grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos
más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo.
Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más
inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como
al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no
pudiera guardarla.
La noche está estrellada y
ella no está conmigo.
La misma noche que hace
blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces,
ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto,
pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento
para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como
antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus
ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto,
pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es
tan largo el olvido.
Porque en noches como esta
la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con
haberla perdido.
Aunque este sea el último
dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos
versos que yo le escribo.
(Pablo Neruda, Chile 1904 - 1973)
Te
digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizás
no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No
sé si me quisiste... No sé si te quería...
O
tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este
cariño triste, apasionado y loco,
me
lo sembré en el alma para quererte a ti.
No
sé si te amé mucho... no sé si te amé poco:
pero
si sé que nunca volveré a amar así.
Me
queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y
el corazón me dice que no te olvidaré:
pero,
al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal
vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te
digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi
más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero
te digo adiós, para toda la vida,
aunque
toda la vida siga pensando en ti.
(José Ángel Buesa, Cuba
1910 – República Dominicana 1982)
CUENTO
MUÑECO DE NIEVE
(por Guillermo Delgado)
Para ti, Renata, por ese amor divino que une a los
hombres con los animales. Ahora unidos
para siempre en la magia que encierra la palabra.
I
Acabados los fuegos artificiales de la noche anterior, el cielo había
quedado más límpido, más claro, más azulino que nunca. Renata estiró sus patas y bostezó, dejando
ver su paladar oscuro y sus dientes blancos.
Miró a su alrededor y se dio cuenta que todos en la casa habían
salido. De la calle le llegó una voz que
la llamaba insistentemente.
-
¡Renata!,
¡Renata!, ven rápido, ven rápido.
Era la voz de Vanda, la ardilla que vivía en un tronco de acacia cerca
al lago.
-
Qué sucede, Vanda, por qué tanto escándalo
La ardilla no contestó y partió a la carrera adentrándose en el
bosquecillo cercano a la casa. Renata de
cuatro zancadas alcanzó a la ardilla.
Antes de que pudiera decir algo, Orejas, Lucrecia y Betina aparecieron
tras unos arbustos.
-
Vamos, Betina,
cuéntale a Renata lo que has visto, dijo la gata Lucrecia.
-
Sí, cuéntale,
repitió el conejo Orejas.
La paloma Betina le describió con lujo de detalles la figura de un
hombre de nieve, en cuya cabeza había un enorme sombrero negro en forma de
hongo.
-
Tiene atado al
cuello una chalina con franjas verdes, rojas y otras tan blancas como él.
Además parece tener mucho frío, pues, sus manos están cubiertas de unos gruesos
guantes rojos concluyó la paloma.
Renata se rascó la cabeza en el tronco de un árbol y luego preguntó:
-
Estás seguro que
es un hombre.
-
Por supuesto. Y es muy gordo y blanco, blanco como la
nieve, dijo Betina.
La perra bóxer refunfuñó. Conocía
a la paloma desde mucho tiempo atrás y sabía muy bien que jamás exageraba ni
mentía.
-
Bien, escuchen todos. Esta noche nos reuniremos en el viejo molino
y desde ahí iremos a investigar quién es ese extraño sujeto ¿Les parece bien?
Todos asintieron. Sólo Orejas se
mostró algo indeciso.
-
No tengas miedo.
Orejitas, nada te pasará mientras te mantengas junto a esta perrita, le dijo
Renata.
El conejo se mostró más tranquilo.
Luego todos se marcharon.
II
Cuando Renata llegó al molino, ya la esperaban Betina, Lucrecia y
Orejas. A los pocos minutos llegó Vanda,
quien por escuchar los villancicos que un grupo de niños cantaban por la calle, se había
retrasado.
Esta brillando la luna
como un rayito de luz,
buena es la madre del niño
bueno es el niño Jesús.
-
¡Qué bonita
canción!, vamos Vanda, cántala de nuevo, dijo Orejas.
-
Ya habrá tiempo
para eso amiguito, pero ahora vayamos a ver a aquel hombre que realmente me
tiene intrigado.
Todos se mostraron conformes con la opinión de Renata y hacia el lugar
donde Betina había visto a aquel extraño hombre se dirigieron. Cuando llegaron, vieron que estaba a pocos
metros del río congelado.
-
¡Qué ser más
extraño!, dijo Orejas escondido tras el cuerpo de Lucrecia.
-
Nunca había visto
algo así, musitó la gata Lucrecia.
-
He volado por
muchos parajes y nunca vi hombre más insólito, dijo Betina.
Renata olisqueó los alrededores del muñeco y luego con voz decidida dijo:
-
No es más que un
tonto muñeco de nieve, de esos que hacen los niños para pasar el tiempo.
Acostumbrada al trato con los humanos, pues, era la única que disfrutaba
del calor de una vivienda, Renata conocía la forma en que los niños se
divertían en las navidades cuando caía la nieve.
-
Quieres decir que
no puede hacerme nada, preguntó el tímido Orejas.
-
Así es, amiguito,
no hace nada porque es sólo de nieve, dijo Renata. Ven, te lo voy a demostrar.
-
¡Oye!, devuélveme
mi sombrero, dijo el muñeco.
Todos a excepción de Renata, huyeron del lugar despavoridos al escuchar
la gruesa voz que brotaba de aquella gélida y enorme boca. Petrificada, Renata miraba fijamente los ojos
del muñeco. El sombrero de hongo permanecía entre sus dientes.
-
Vas a estropear mi
sombrero si lo sigues mordiendo así, dijo el muñeco quien de un manotazo
recuperó el sombrero.
-
Disculpa, amigo,
es que pensé que tú...
-
Pues, pensaste
mal, dijo el muñeco de nieve sin dejar que Renata terminara lo que quería
decir. Y ahora márchate que quiero dormir, esos niños no me han dejado pegar
los ojos desde que me crearon y de eso ya van muchos días.
Renata se hallaba aún algo pasmada después de aquella inesperada
experiencia, por lo que lentamente se fue alejando del lugar donde se hallaba
el muñeco. De vez en cuando se detenía y
miraba hacia atrás para ver si el muñeco aún seguía en aquel lugar. Al verlo ahí, pensó que nunca se iría y que
habría tiempo suficiente para volver a verlo
III
-
Oye, Orejas, deja
de temblar, ya te dije que no te hará ningún daño, dijo Renata al ver que el
conejo se resistía a ver el muñeco de nieve.
La mañana había despertado más helada que nunca. Consistentes copos comenzaron a desprenderse
como fruta madura de las ramas desnudas de los árboles. La nieve se hizo más intensa por lo que el
grupo marchaba bien abrigado, gorros, chalinas, botas o guantes envolvían
cabezas, pescuezos y patas.
No tardaron en congeniar con el muñeco quien, al no tener como llamarse,
fue bautizado con el nombre de Muñeco de Nieve.
Era un gran narrador de historias, conversador inagotable y gran
bailarín, pero, por estar sujeto al piso, no podía trasladarse de un lugar a
otro.
-
Y por qué no lo
subimos a un trineo y así podemos llevarlo al bosque, dijo la gata Lucrecia.
-
¿Por qué no?, dijo
Betina.
Después de gran esfuerzo, Muñeco de Nieve fue subido en un viejo trineo
que Renata encontró entre los trastos de la casa en que vivía.
-
Cuando me vieron
jalando el trineo pensaron que lo hacía para congraciarme con ellos, por eso no
tuve inconvenientes para hacerme con el trineo, explico Renata.
A partir de ese día, Renata halaba el trineo sobre el que Muñeco de
Nieve descansaba. Sobre las congeladas
aguas del río, el vehículo sin ruedas parecía volar. Betina revoloteaba alrededor del muñeco,
mientras Vanda, Orejas y Lucrecia corrían junto al trineo. Nunca como antes aquellos cinco amigos se
habían sentido tan dichosos con la compañía que les brindaba Muñeco de Nieve.
Todas las noches, para no despertar sospechas entre los vecinos, el
muñeco era depositado en el mismo lugar donde había sido construido. Luego de un arduo día de juegos, Muñeco de
Nieve fue colocado en su sitio.
-
Mañana vendremos
temprano para tener más tiempo para divertirnos, dijo Vanda:
Muñeco de Nieve no contestó, estaba muy triste.
IV
Al día siguiente un sol esplendoroso asomó en el horizonte, Renata
dormía a pata suelta debajo del descanso de la escalera que conducía al segundo
piso. No tenía sitio fijo para dormir,
pero ese era uno de sus lugares
preferidos. Las correrías del día
anterior la habían agotado tanto que le costaba un mundo abrir los ojos aun
cuando en la casa había un gran alboroto aquella mañana. La voz de un niño se escuchó.
-
Mamá, ya la nieve
se está derritiendo.
Renata que se acomodaba para seguir durmiendo, dio un brinco felino y
salió de la casa tan rápido como sus patas se lo permitían. Cuando llegó al molino, Orejas daba saltos como
producto de su nerviosismo y Betina y Vanda se movían de un lado a otro sin
poder articular palabra alguna. La única
que parecía conservar la calma era Lucrecia.
-
Parece como si se
derrumbara, dijo la gata cariacontecida.
Renata no necesitó escuchar más.
Muñeco de Nieve se iba y ella no lo permitiría. En pocos minutos la bóxer llegó hasta la
ribera del río donde Muñeco de Nieve daba muestras de haber perdido una gran
cantidad de su peso original.
-
Yo te ayudaré,
amigo, no te preocupes, nada podrá separarnos, dijo Renata mientras trataba de
subir el muñeco al trineo. Un hilillo de
agua salía incontenible de la base de Muñeco de Nieve, el calor comenzaba a
hacer lo suyo.
Muñeco de Nieve se estaba derritiendo y esa era una
realidad que Renata no llegaba a comprender.
Aquella dura realidad era más fuerte que cualquier sentimiento de afecto
brotado del corazón.
A medida que pasaba el tiempo el calor se iba
haciendo más fuerte y Muñeco de Nieve más débil. Cuando Betina, Orejas, Lucrecia y Vanda
aparecieron ya la lucha de Renata contra el fin de Muñeco de Nieve era inútil.
Cuando uno de los lados cedió, el muñeco se ladeó tanto que quedó
tumbado de costado. En esa posición fue fácil que comenzara a caer por una
pequeña pendiente rumbo al río ya deshielado y de corriente turbulenta.
-
No, no te irás
amigo, yo te salvaré, decía Renata muy angustiada por la situación.
-
Nada podrás hacer,
Renata, esto me ha sucedido todo el tiempo y he aprendido a aceptar mi destino,
dijo Muñeco de Nieve sumamente triste, pues, en todos los años de aparecer y
desaparecer, nunca había conocido un ser más tierno que a aquella perrita
blanca con manchas marrones en la cabeza.
-
Adiós, amiga, debo
irme ya, dijo el muñeco mientras lo que quedaba de su cuerpo se hundía en las
frías aguas del río.
Renata se lanzó tras el muñeco ya amorfo y sin vida. Los gritos desesperados de Orejas y Vanda de
nada sirvieron contra una decisión surgida del corazón de aquel noble animal,
convencido de que sus esfuerzos podrían salvarle la vida al amigo.
Lo que sucedió después lo contarían todas las navidades una Lucrecia ya
vieja y forjadora de una innumerable prole.
La gata, con los ojos arrasados en lágrimas, describía con tristeza los
últimos momentos de su nívea amiga.
-
Y cuando se lanzó al
río, sus patas delanteras se abrazaron a Muñeco de Nieve, de quien no quedaba casi nada. Fue la última vez que la vimos. Betina sobrevoló durante todo el día pero
nunca pudimos encontrarla. Sus dueños
también la buscaron pero toda búsqueda resultó inútil. Parecía como si el río se la hubiera tragado.
Terminado su relato, la vieja gata se quedó dormida como poseída por un
sueño eterno.
Se dice que en las primaveras, muchas flores escucharon contar a los
pájaros la historia de un muñeco de nieve que aparecía todos los inviernos
junto al río. Decían que era muy alegre,
gran narrador de historias, conversador inagotable y gran bailarín y que
siempre andaba acompañado de una hermosa y esbelta perra bóxer blanca.
¿Y es de nieve también? preguntó un gorrión.
-
Sí, pero dicen que
su corazón está hecho de amor y de ternura.
FRASES
MÁS RECORDADAS DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
![]() |
| Gabriel García Márquez en su juventud |
“Yo, señor,
me llamo Gabriel García Márquez. Lo siento: a mí tampoco me gusta ese nombre,
porque es una sarta de lugares comunes que nunca he logrado identificar
conmigo. Nací en Aracataca, Colombia. Mi signo es Piscis y mi mujer es
Mercedes. Esas son las dos cosas más importantes que me han ocurrido en la
vida, porque gracias a ellas, al menos hasta ahora, he logrado sobrevivir escribiendo”. (Retratos y autorretratos”, 1973).
“Nunca en
ninguna circunstancia, he olvidado que en la verdad de mi alma no soy nadie ni
seré nadie más que uno de los 16 hijos del telegrafista de Aracataca”.
“Mi
recuerdo más vivo y constante no es el de las personas sino el de la casa misma
de Aracataca donde vivía con mis abuelos. Es un suelo recurrente que todavía
persiste. Más aún: todos los días de mi vida despierto con la impresión, falsa
o real, de que estoy en casa”. (“El olor de la guayaba”).
“Soy escritor
por timidez. Mi verdadera vocación es la de prestidigitador, pero me ofusco
tanto tratando de hacer un truco que he tenido que refugiarme en la soledad de
la literatura. Ambas actividades, en todo caso, me conducen a lo único que me
ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más”. (“Retratos y
autorretratos”, 1973).
“No hay
nada que se parezca más a la soledad del poder que la soledad de la fama”.
(1979).
“He escrito
cinco libros tratando de averiguarlo, de saberlo, de descifrar quien soy. Y
todavía no lo tengo claro. Pero hay algo que sí sé: soy el mejor amigo de mis
amigos, y ese primer puesto no me lo dejo quitar por nadie”. (1971).
![]() |
| Con su esposa Mercedes Barcha. Bogotá - Colombia 1990. |
“Lo único
realmente nuevo que podría intentarse para salvar la humanidad en el siglo XXI
es que las mujeres asuman el manejo del mundo. No creo que un sexo sea superior
e inferior a otro. Creo que son distintos, con distancia biológicas
insalvables, pero la hegemonía masculina ha malbaratado una oportunidad de diez
mil años”. (1992).
“Nunca
hablo de literatura, porque no sé lo que es, y además, estoy convencido de que
el mundo sería igual sin ella”. (1982).
“El poder
es sin duda la expresión más alta de la ambición y la voluntad del ser humano,
y que por eso resume a la vez toda su grandeza y toda su miseria”. (1982).
“El secreto
de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”
“Ningún
lugar en la vida es más triste que una cama vacía”.
EL
MUNDO HOY
ESTADOS UNIDOS
La organización
de las Naciones Unidas recomienda el consumo
de insectos para combatir el hambre en el mundo.
Un informe
reciente dice que los insectos representan “una alternativa prometedora a la producción
convencional de carne” porque tienen un alto valor nutricional y convierten
sustancias no comestibles en comestibles. Sin embargo, el informe reconoce que “la
idea de comer insectos produce cierto grado de repugnancia en algunas
sociedades”.
CHINA
Durante los
primeros nueve meses de 2013, el índice de divorcios en Pekín fue un 41% mayor
que en el mismo periodo del año anterior. Los expertos creen que este gran
aumento se debe a que las parejas quieren evitar un nuevo impuesto del 20%
sobra las ganancias obtenidas al vender una casa. Y es que, en ciertas
condiciones, los divorciados que tienen dos casas y quieren vender una no
tienen que pagar este impuesto.
ITALIA
En 2011 se
vendieron más bicicletas que autos. Entre las posibles razones están la crisis económica,
el precio de la gasolina y los costos de mantenimiento de los autos. Las bicicletas
son prácticas y fáciles de usar; además, cuesta poco mantenerlas.
JAPÓN
El 63% de
los niños que fueron víctimas de depredadores sexuales a través de las redes
sociales no habían sido advertidos por sus padres sobre los posibles peligros
de estas. Se examinaron 599 casos y el 74% de los presuntos pederastas admitió
que su objetivo al usar las redes sociales era tener relaciones sexuales con
menores.
ÁRTICO
“El volumen
de hielo en el verano se ha reducido un 75% en los últimos treinta años”,
señala Peter Wadhams, profesor de Física Oceánica de la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña). En 2012, unos
cincuenta barcos recorrieron la ruta del mar del Norte, que se abrió como
resultado del calentamiento global.
REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO
África está
sufriendo lo que algunos llaman una masacre “sin precedentes”: cada año se mata
a decenas de miles de elefantes para quitarles los colmillos. En cierta ocasión,
varios elefantes recibieron disparos en la parte superior de la cabeza, al parecer
desde un helicóptero.
AUSTRALIA
En los últimos
veintisiete años ha muerto la mitad del coral de la Gran Barrera de Arrecifes. Los
científicos adjudican el daño sobre todo a los ciclones tropicales, la plaga de
estrellas de mar corona de espinas (Acanthaster
planci) y la decoloración ocasionada por el aumento en la temperatura oceánica.
INDIA
A pesar de
la rápida occidentalización de la sociedad, el 74% de los participantes en una
encuesta dijeron preferir los matrimonios arreglados a buscar ellos mismos
pareja. Una abrumadora mayoría (el 89%) prefiere vivir con la familia extendida
a vivir solo con su cónyuge e hijos.













