MACONDO
REVISTA
CULTURAL ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.
Lima, febrero del 2015 Número 10
POESÍA
ELEGÍA PARA TI Y PARA MÍ
I
Yo seguiré
soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás
borrando lentamente en mi sueño.
Un año y otro
año caerán como hojas secas
de las ramas
del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa,
llena de claridad de aurora,
se alejará en
la sombra creciente del recuerdo.
II
Yo seguiré
soñando mientras pasa la vida,
y quizás,
poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el
vulgar agobio de la rutina diaria,
de las
desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca
soñaste más que cosas posibles,
dejarás, poco
a poco, de mirarte al espejo.
III
Acaso nos
veremos un día, casualmente,
al cruzar una
calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré,
quizás: “Qué linda es todavía”.
Tú, quizás
pensarás: “Se está poniendo viejo”.
Tú irás sola
o con otro. Yo iré solo, o con otra.
O tú irás con
un hijo que debiera ser nuestro.
IV
Y seguirá
muriendo la vida, año tras año.
Igual que un
río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo,
algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción
de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas
noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en
ti, un instante, pero cada vez menos...
V
Y
pasará, la vida. Yo seguiré soñando,
pero ya no
habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te
habré olvidado definitivamente,
y sobre mis
rodillas retozarán mis nietos.
(Y quizás, para
entonces, al cruzar una calle,
nos vimos
frente a frente, ya sin reconocernos).
VI
Y una tarde
de sol me cubrirán de tierra,
las manos,
para siempre, cruzadas sobre el pecho.
Tú con los
ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás
las horas bostezando y tejiendo.
Y cada
primavera renacerán las rosas,
aunque ya tu
estés vieja, y aunque yo me haya muerto...
(José Ángel Buesa, Cuba 1910 – República Dominicana 1982)
EL DUELO DEL MAYORAL
¿Qué
cómo fue aquello señora?
Como
son las cosas cuando son del alma.
Ella
era muy linda, él era muy hombre.
Pero
ella me quería,
yo
la adoraba,
pero
él, hecho sombra se interponía,
y
todas las mañanas junto a su ventana
manojo
de rosas fragantes había,
y
rojos claveles y dalias de nácar.
Cuando
por la tarde
la
sombra cubría la casa
y en
el ancho cielo brillaba la luna
desde
las palmeras brotaba su canto
que
como una flecha llegaba a la casa,
y cómo brillaba en él la alegre guitarra,
y yo
detrás de las palmeras
con
rabia le oía,
y él
entre canto y canto
brotaba
una lágrima, lágrima de hombre,
no
crea otra cosa señora
que
los hombres lloran como las mujeres
porque
tienen débil como ellas el alma.
No,
no pude evitarlo,
la
pena es muy negra,
la
envidia de amor
es
mala consejera,
y cuando
la sangre se enrrabie en las venas
no
hay nada que pueda calmarlas.
Una
noche lo esperé allá abajo,
junto
a la cañada,
retumbaba
el trueno, llovía
y el
frío al igual que en mis venas
hinchado
bajaba.
Al
fin lo alcancé a ver,
allí
entre las sombras
venía
cantando sus locas esperanzas,
bajo
el brazo la alegre guitarra,
colgado
al cinto un machete,
se
acercó hasta mí, sereno, tranquilo,
me
clavó en los ojos su fiera mirada,
y me
dijo: “me esperabas!”
y
entonces yo le contesté: “sí!”, te esperaba.
Y ya
no nos dijimos más,
ni
una sola palabra,
que
era bravo el mozo!,
y
los hombres machos no hablan, pelean.
Su
machete me dijo sus ansias, sus amores,
su
pecho hinchado respiraba,
en
cada tajo ponía su alma,
pero
más que el amor y los sueños
pudieron
el odio y los celos.
Y al
fin lo dejé tirado
junto
a un charco de sangre,
y me
dijo: “Quiérele que es buena!”
“Quiérela
que es santa!”
“Quiérela
como yo la quería,
que
aunque me muero por ella
la
llevo metida e el alma!”
y no
pudo más.
La
sangre cegó mis pupilas,
el
machete temblábame
con
rabia en las manos
y lo
hundía una y mil veces
buscándole
el alma
porque
en el alma se llevaba a mi hembra.
Tuve
celos señora ... tuve celos
que
aquel muriéndose
se
llevaba a mi hembra
y yo
no quería que se la llevara.
(Ovidio Rincón, Colombia 1915 - 1996)
CONTRACANTO
Juntos
andaremos aún
el trecho inacabado
del espinosos
sendero
que sin rumbo
viene y va.
Camino
incierto
que amenazador asoma
nuevamente,
como si no fuera suficiente
el que juntos
comulguemos
ante el cáliz infantil
que cayó de nuestras manos.
Juntos ante
la hostia amarga
que
a recibir nos apuramos,
como tratando
vanamente en esa prisa
apaciguar en algo
nuestra culpa.
Juntos,
siempre juntos,
llevando a rastras el madero
que unió
nuestras vidas
y que hoy,
después de la
tempestad sin calma
que azota nuestras almas,
nos condena a
la eterna soledad
de vivir juntos.
Juntos
veremos
ocultarse al sol
sin
esperanza.
Juntos
recordaremos
lo que queremos
olvidar.
Juntos como dos extraños
conoceremos al fin
el rostro
envejecido
del amor ante la muerte.
(Guillermo Delgado, Perú 1954)
CUENTOS
LA SOGA
(por Guillermo Delgado)
Habiendo caído en desgracia, un campesino
no pudo seguir sembrando la tierra, provocando con ello la furia del rey, dueño
de toda la región. El hombre, acompañado de su hijo, se acercó hasta el
castillo donde habitaba el monarca.
- Mi señor, dijo el campesino, me
postro de rodillas ante ti suplicando tu comprensión. La muerte de mi
mujer ha cubierto mi corazón de pena tan grande que durante mucho tiempo
no pude tomar el arado, pero ahora, ya recuperado en algo mi ánimo, te
ruego me permitas retomar mi trabajo, pues, sino, yo y mi pequeño hijo
moriremos de hambre.
- Lárgate de mi presencia, vago infame, tronó la voz del rey.
El campesino se puso de pie y con
voz solemne, replicó:
- Sois el poder en esta región, pero no es
digno de ti que me llames vagabundo cuando tantas veces te he servido con
lealtad y honradez.
Al ver que el campesino no daba señas de
marcharse, y ya con el ánimo contrariado, el rey tomó una soga y le dijo al
campesino, cuyo pequeño hijo se había aferrado a las piernas de su padre
temeroso de aquel hombre de voz grave que sobre la cabeza llevaba una diadema
de oro reluciente.
- No te daré un arado, lo que te daré es
esta soga, a ver si de algo te sirve.
El campesino cogió la soga y la acercó a
su pecho. Luego, antes de marcharse, con voz rencorosa dijo al rey.
- Sí, la llevaré conmigo, pero que no te
quepa la menor duda que algún día te la devolveré.
Las estaciones se sucedieron y el buen
clima trajo prosperidad al rey, pero no por ello el insensible monarca trató de
ser más gentil con sus súbditos, por el contrario se fue volviendo más exigente
con ellos a medida que crecía su ambición.
En tanto, el campesino despreciado
por el rey había trajinado junto a su hijo por varios lugares desempeñando
diferentes oficios: carpintero, avituallador, cerero, especiero, vinatero,
portero y hasta de aguador, pero todos aquellos trabajos eran inestables y lo
que ganaba sólo le alcanzaba para comer él y su hijo. Un día el campesino
llegó al sucucho que compartía con su hijo y le dijo:
- No me gusta nada el trabajo que he
conseguido, mas es lo único disponible que he podido encontrar, hijo mío.
Pero llegó el momento en que el mal tiempo
se ensañó con aquel reino de injusticia. La falta de lluvia trajo consigo
una sequía como jamás se hubo visto en las tierras del rey. El monarca
enfurecido, culpaba a sus súbditos de la mala suerte que lo aquejaba. Años
más tarde, empobrecido y sin poder alguno, anduvo deambulando de región en
región, mendigando algún bocado que llevarse a la boca. Nadie, quizá por
el recuerdo de haber sido un rey malvado, se dignó a brindarle ayuda.
Desesperado, el rey robó unas joyas a unos comerciantes a quienes asaltó en un
camino.
Atrapado a los pocos días, el rey fue
llevado a prisión y condenado a muerte. Ya en el cadalso y a punto
de ser ahorcado, el rey pidió al verdugo una última voluntad.
- Sí, por supuesto, contestó el hombre enmascarado sin preocuparse por
saber cuál sería la petición del rey.
El verdugo se sacó el paño negro que
cubría su cabeza y tomando la soga que tenía entre sus manos, la anudó en el
cuello del condenado diciéndole:
- Te devuelvo la soga que me diste, y cayó la trampa.
Wolfsschanze, enero 5 del 2001.
ANÉCDOTAS
2903: Estaba Washington sentado a la mesa, como invitado
de honor en casa de unos amigos, y se quejó de que el fuego de la chimenea, que
le quedaba detrás, era demasiado fuerte.
- Pero,
señor – díjole uno de los invitados, bromeando –, un general tiene que estar
acostumbrado a resistir el fuego.
- De
acuerdo, amigo – contestó Washington al instante –; pero no cuadra a un general
recibirlo de espaldas.
3124: El gran éxito que desde el primer momento obtuvo
la novela de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo (1984), popularizó el
castillo de If, donde la fantasía del famoso escritor encerró al protagonista
de dicha obra y al extraño abate Faria. Tal fue la sugestión del público, que
muchos curiosos acudían a la tétrica fortaleza, deseosos de contemplar de cerca
el escenario de aquellos apasionantes capítulos; el guardián del castillo,
dándose cuenta de lo que sucedía, no dudaba en enseñar a los visitantes los
calabozos de Edmundo Dantés y de su compañero de cautiverio, lo que le valía
las propinas correspondientes.
Un día llegó al castillo cierto señor bien
trajeado, gordo, de pelo rizado y tez que pasaba de castaño oscuro.
El guardián le llevó al calabozo del futuro Conde
de Montecristo.
- Vaya,
hombre, vaya – dijo el visitante –, ¿conque conoció usted al buen Edmundo?
- Sí,
señor, y tal lastima me daba el pobre muchacho que algunas veces le aumenté la
ración y le llevé un cuartillo de vino. Ya ve usted; fue una injusticia la que
con él se cometió.
- Muy
bien; esos sentimientos le honran a usted. Y diga: después cuando fue rico, ¿no
le mostró a usted su gratitud?
- Ya lo
creo. Aparte del dinero que me dio por el manuscrito del número veintisiete,
veinte años después de su fuga me envió su retrato y el de su esposa, muy
guapa, por cierto.
- Perfectamente;
es usted un buen hombre y aquí tiene usted por lo que hizo por mi hijo.
Y el visitante depositó en manos del guardián un
luis y una tarjeta; en ésta se leía: Alejandro Dumas.
CITAS
CITABLES
Lo único
que mantiene activo al hombre es la energía. ¿Y qué es la energía, sino el amor
a la vida?
- Louis
Auchincloss
Una
vez desgarrada una reputación, quizá pueda repararse, pero el mundo mantendrá
la vista fija en el lugar donde estuvo el desgarrón.
- Citado
por The News, de Detroit
No es
necesario que adquiramos la humildad: la llevamos en nosotros mismos… sólo que
nos humillamos ante dioses falsos.
- Simone
Weil
Las
tentaciones son como los vagabundos: si los trata uno bien, vuelven… con sus
amigos.
- Meggido
Message
El
buen médico es el que logra mantener calmado al paciente mientras la Naturaleza
tiene tiempo de curarlo.
- News
– Sentinel, de Koxville
Hoy
el escuchar ésta pasado de moda. También lo está el silencio. Cada persona
viaja a solas en una pequeña cápsula azul de indignación.
- Thomas
Merton
El
tiempo sazona a la gente, como sazona al vino… con tal que las uvas sean
buenas.
- Emmet
LeCompte
Es
condición natural del hombre el sacar la cara, pero sólo vale la pena conocerlo
cuando está desprevenido, con la cabeza en alto y el corazón en la mano.
- Robert
Farrar Capon
Lo
malo del corazón es que está muy cerca del estómago.
- Sinlogismo
de Soflocleto
La
inflación se puede definir como la virtud por la cual los globos se hinchan y
las pastillas de chocolate se achican.








