MACONDO
REVISTA
CULTURAL ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.
Lima, noviembre del 2014 Número 07
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| Pablo Neruda. Chile 1904 - 1973 |
POESÍA
FAREWELL
1
Desde el fondo de ti, y
arrodillado
un niño triste, como yo,
nos mira.
Por esa vida que arderá
en sus venas
tendrían que amarrarse
nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de
tus manos,
tendrían que matar las
manos mías.
Por sus ojos abiertos en
la tierra
veré en los tuyos
lágrimas un día.
2
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó
tu boca,
ni lo que no dijeron las
palabras.
Ni la fiesta de amor que
no tuvimos,
ni tus sollozos junto a
la ventana.
3
(Amo el amor de los
marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer
espera,
los marineros besan y se
van.
Una noche se acuestan
con la muerte
en el lecho del mar.
4
Amo el amor que se
reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser
eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere
libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se
acerca.
Amor divinizado que se
va.)
5
Ya no se encantarán mis
ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines
llevarás mi dolor.
Fui tuyo. Fuiste mía.
¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta
donde al amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú
serás del que te ame,
del que corte en tu
huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste:
pero siempre estoy triste:
Vengo desde tus brazos.
No sé hacia dónde voy.
... Desde tu corazón me
dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
(Pablo Neruda, Chile 1904 – 1973)
DE LA LUZ QUE PASA...
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| Calvo a finales de la década del setenta |
Presa
es amor que al corazón da caza
Pues
vuelve sin ayer / tal hoy / mañana
Es
tarde siempre / noche / que se abrasa
A
un leño de / naufragios / fría flama
Ceniza
en llamas / otro amor / nos llama
Desde
dos nadas que ni llaman ni aman
Y
sin ayer, tal hoy, torna el mañana
Al
mismo leño huérfano de llama
Flecha
es amor que al cazador traspasa
Y
a la núbil torcaza vuelve fiera
De
cera, hoguera que se derritiera
En
esa / sin motivo / seca lágrima
Que
al despertar hallamos en la almohada
Y
que nos quema aunque jamás ardiera.
(César Calvo, Perú 1940 – 2000)
LA MAGNOLIA
En
el bosque, de aromas y de músicas lleno,
la magnolia florece delicada y ligera,
cual vellón que en las zarzas enredado
estuviera
o cual copo de espuma sobre lago
sereno.
Es
un ánfora digna de un artífice heleno,
un marmóreo prodigio de la Clásica Era ;
y destaca su fina redondez a manera
de una dama que luce descotado su
seno.
No
se sabe si es perla, si se sabe si es llanto.
hay entre ella y la luna cierta
historia de encanto,
en la que una paloma pierde acaso la
vida:
porque es pura y es blanca y es
graciosa y es leve,
como un rayo de luna que se cuaja en
la nieve
o como una paloma que se queda
dormida...
(José Santos Chocano, Perú
1875 – Chile 1934)
CUENTO
QUESO
DE BOLA
(por Guillermo Delgado)
A
la memoria de Rubén Darío.
Habían caminado
juntos desde pequeños como buenos gatos vagabundos, no había techo que no
hubieran trajinado. Se habían dado buenos banquetes en toda cocina donde
hubiera habido alguna ventana abierta por donde
entrar.
En los tiempos
donde abundaba más cal que arena se habían tenido que conformar con algún ratón
o, en el mejor de los casos, con alguna paloma distraída.
- No
hay como tú, colorado, cuando de atrapar a esas aves se trata, eres todo un
experto, dijo
Nieve.
- Tú
no te quedas atrás muchacho, no hay ratón que se te escape, contestó colorado.
Eso de lanzarse
alabanzas los hacia más diestros en la cacería, una motivación que hacía que
ambos se esforzaran más. Pero no todo era un cielo que se abría y en los
tiempos malos pasaban varios días sin probar bocado.
Y la noche de ese
lunes de invierno en que caminaban por una calle desierta mirando los
iluminados escaparates de las tiendas fue uno de esos días aciagos.
- Oye
colorado, dijo
Nieve. Ves lo que yo veo.
En el interior de
una fiambrería – pescadería se veía toda una gama de atractivas y vistosas
vituallas. La iluminación interior dejaba ver sobre un vasar tiras de morcilla,
salchichas, chorizos, salames y jamones. En ristras colgantes de los techos
moldes de mortadela, tocino y jamonada, era un bocado apetitoso.
De las paredes
colgaban tiras de carne ahumada, pescado seco y lonjas de bacalao en salmuera.
Por el fuerte hueso de las ancas, un cerdo con las patas estiradas se hallaba
suspendido de un garabato clavado en un pilar de caedizo. En una vieja nevera
habían apilados, percas, lornas, atunes y jureles.
- Esos
pescaditos se ven deliciosos querido amigo, dijo Colorado.
- Manos
a la obra,
contestó el gato blanco.
Con unos saltos
acrobáticos llegaron al techo. Por un tragaluz, los gatos matreros entraron con
facilidad en la tienda. Tras una reja, un perro lanudo y grande como un
hipopótamo dormía plácidamente obstaculizándoles el paso.
- Ahora
sí que nos salió chueco, Colorado. Mira ese mastodonte que está ahí.
- No
te preocupes, blanquito, aquí está tu Colorado. Verás como con patas de lana logro pasar al lado de ese dormilón.
El gato rojizo
había dado unos pocos pasos, cuando sintió en la cola como una corriente
eléctrica que le recorrió todo el cuerpo, una certera mordida del perro acabo
con su incursión.
El maullido fue
aterrador. El pobre Colorado salió como una centella; por suerte una pequeña
herida sanguinolenta fue todo el daño.
- Parece
que no quiso arrancarte el rabo, sólo trato de advertirte que por ahí no pasas,
dijo Nieve.
- Maldito
embustero, estaba haciéndose el dormido, dijo Colorado lamiéndose la herida con gran
entusiasmo.
El perro los
miraba como diciendo aquí no pasa gato alguno.
- ¿Y
ahora qué hacemos, Colorado?,
pregunto Nieve desalentado.
- No
lo sé. Pero de algo estoy seguro, de aquí no salgo con las patas vacías.
Después de andar y
husmear por todo el lugar, dieron con un enorme queso de bola que el dueño, por
olvido, no había puesto a buen recaudo.
- ¿Y
cómo vamos a repartirnos este queso?, Colorado, preguntó Nieve rascándose la
cabeza con una de sus patas.
Colorado se quedó
pensativo.
- Eso
lo veo difícil.
Pero espera, yo conozco un juez, de esos
que saben darle a cada uno lo que corresponde. Vamos a buscarlo.
Sacar esa enorme
bola de leche de aquella tienda fue una odisea. Rodarlo por las calles oscuras
de aceras húmedas por la garúa de invierno fue más fácil. Cuando llegaron ante
el juez, el queso de bola estaba más negro que paladear de gorila.
El juez era un
mono viejo que desde hacía años dormía sobre unos libros apolillados de
jurisprudencia y derecho romano que había encontrado en un basural, de ahí que
los animales que lo conocían lo llamaban juez.
El mono se rascó
una barba rojiza, sucia y babosa que
le colgaba como una carúncula de pavo. Sus
ojos abotargados y saltones como los de un cangrejo miraban el queso con
curiosidad. Olió la bola como quien huele la media de un gitano e hizo un gesto
de repugnancia.
- ¿Qué
pasa, juez?, preguntó
Colorado.
- Malo,
malo, malo,
contestó el mono. Esto no me gusta. Lo primero que hay que hacer es darle una
limpieza.
Los gatos
asintieron, sin imaginar que el mono limpiaría el queso lamiéndolo con su
lengua, larga y áspera como una lija de hierro. Cuando el mono regresó de su “oficina” la bola se había reducido a la mitad.
- Muchas
impurezas, dijo
el mono granuja. Les he evitado una infección.
Los felinos se
miraron inquietos, pero ahí nomás el juez partió el queso con sus manos. Sopesó
las partes y dijo:
- Este
lado, tiene más.
Y ¡zas!, ahí dio el primer mordisco.
Sopeso de nuevo.
- Ahora
sobra aquí.
Y ¡zas!, otro mordisco
- Un
momento, gritó
Nieve, si sigues así no quedará nada.
- ¡Hum!, dijo el mono. Esperen, sacaré mi juguetito.
El juguetito era
una balanza oxidada de dos platillos. Allí colocó el mono las dos mitades de lo
que quedaba del queso. Un plato a la derecha indicando más peso y ¡zas!, otro
mordisco. Los platos iban de un lado a otro con un queso que iba desapareciendo
como por arte de magia en la boca de ese mono que, con los ojos desorbitados y
rojizos, daba rienda suelta a una gula incontenible. El mono quedó atónito, con
la panza hinchada en la misma porción que el queso que se había tragado. Estaba
como en trance, sus pupilas de color azabache permanecían inmóviles. Dio unos
pasos y cayó pesadamente. El golpe de la cabeza contra el suelo le abrió una
herida de donde comenzó a fluir un hilo de sangre.
- Así
que este era tu amigo el juez, no.
Mira dónde terminó nuestro queso, dijo
Nieve, pisando la panza del mono, donde una danza de borborigmos resonaban como
truenos.
El mono, aún con
vida, tenía las cejas enarcadas, con los ojos extraviados mirando al infinito.
Por su boca escapaba una espuma blanquecida. Ya estaba a punto de amanecer.
Unas franjas luminosas que penetraban por un tragaluz se iban agrandando
alcanzando a los postigos. Un fuerte olor, acre, ácido y hediondo invadió el
ambiente.
- El
mono se ha cagado,
dijo Nieve
Colorado se acercó
al mono, lo palpó con suma delicadeza.
- Ya
se está enfriando,
dijo.
Luego agregó:
- Oye,
Nieve. ¿Has comido mono alguna vez?
El gato blanco
miró al mono y dijo:
- Tú
arrástralo de esa pierna y yo de la otra.
Así se fueron
andando aquellos gatos rufianes sin el queso de bola que habían robado. Esa
noche durmieron plácidamente, con la barriga llena.
Antes de que el
sueño lo atrapara, Nieve interrogó a su amigo.
- Oye,
Colorado, no conoces otro juez.
Colorado ya estaba
dormido.
Wolfsschanze,
noviembre 2013.
ANÉCDOTAS
1498: Un mozalbete aspirante a músico pidió en cierta
ocasión a Mozart que le dijera cómo había de componer una sinfonía.
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| Wolfgang Amadeus Mozart, Austria 1756 - 1791. |
- Tú eres
muy joven – le contestó Mozart –. ¿Por qué no principias con las baladas?
A lo cual se apresuró a replicar el intrépido
compositor en ciernes:
- Vos
compusisteis sinfonías a la edad de diez años.
- Sí –
contestó Mozart –, pero yo no pregunte cómo se componían.
2184: Se dice que la única mujer que no simpatizó con
Franz Liszt y que incluso le tomó una antipatía que no lograba ni deseaba
disimular, fue la princesa de Metternich, Melania Zichy, tercera esposa del
famoso diplomático austriaco.
Una vez, en el Palacio Imperial de Viena, se
encontraron el joven músico y la dama, y ésta, queriendo molestarle
públicamente, le interrogó en voz suficientemente alta para que lo oyeran
todos:
- ¿Van
bien esos negocios, amigo Liszt?
El músico comprendió la intensión insultante de la
pregunta, pues entre la aristocracia y la alta burguesía nunca fue título
envidiable el de comerciante y menos en la de Austria, donde tal profesión era
considerada por la nobleza poco menos que deshonrosa. Por eso, Liszt, sin
inmutarse, replicó:
- Señora,
yo sólo me intereso por la música. Los negocios son cosa de los tenderos y
diplomáticos.
* De Liszt es fama se hallaban enamoradas la
mayoría de las mujeres de su época.
CITAS PERDURABLES
Para los antiguos griegos y romanos la vida era lo
mismo que para nosotros. Lo único nuevo en el mundo es la historia que
ignoramos.
- Harry
Truman
Lo que llamamos pecado en los demás, en nosotros es
experimento.
- Ralph
Waldo Emerson.
Si no puedes ganar, procura que rompa la marca el
que va delante de ti.
- J.
Mack
La jactancia
es un grito de desesperación, excepto en los jóvenes, cuando es una voz de esperanza.
- Bernard
Berenson
Si la mente del hombre se ensancha para aceptar una
nueva idea, jamás volverá a su estrechez anterior.
- Oliver
Wendell Holmes
El periódico es una biblioteca circulante con
hipertensión arterial.
No hay nada más duro que la blandura de la
indiferencia.
- Juan
Montalvo
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| Truman Capote, periodista y escritor. Estados Unidos 1924 - 1984. |
-
Truman Capote, en The Dogs
Bark
Al hombre se le dio la imaginación para compensarlo
por lo que no es; el sentido del humor, para consolarlo por lo que es.
- The
Wall Street Journal
La verdad parte siempre de la minoría de un
individuo, y cada costumbre nueva empieza como un precedente roto.






