domingo, 23 de agosto de 2015

NÚMERO 10



MACONDO

         REVISTA CULTURAL ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.





Lima, febrero del 2015                                  Número 10

 
Ovidio Rincón, Colombia 1915 - 1996



POESÍA

 

ELEGÍA PARA TI Y PARA MÍ


                 I

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente en mi sueño.

Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,

y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.

                II

Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,

bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.

Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.

           III

Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.

Yo pensaré, quizás: “Qué linda es todavía”.
Tú, quizás pensarás: “Se está poniendo viejo”.

Tú irás sola o con otro. Yo iré solo, o con otra.
O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.

             IV

Y seguirá muriendo la vida, año tras año.
Igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.

Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.

Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti, un instante, pero cada vez menos...

             V

Y pasará,  la vida. Yo seguiré soñando,
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente,
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.

(Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos).

               VI

Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho.

Tú con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.

Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tu estés vieja, y aunque yo me haya muerto...
(José Ángel Buesa, Cuba 1910 – República Dominicana 1982)         

 

 

  EL DUELO DEL MAYORAL

 ¿Qué cómo fue aquello señora?
Como son las cosas cuando son del alma.

Ella era muy linda, él era muy hombre.
Pero ella me quería,
yo la adoraba,
pero él, hecho sombra se interponía,
y todas las mañanas junto a su ventana
manojo de rosas fragantes había,
y rojos claveles y dalias de nácar.

Cuando por la tarde
la sombra cubría la casa
y en el ancho cielo brillaba la luna
desde las palmeras brotaba su canto
que como una flecha llegaba a la casa,
 y cómo brillaba en él la alegre guitarra,
y yo detrás de las palmeras
con rabia le oía,
y él entre canto y canto
brotaba una lágrima, lágrima de hombre,
no crea otra cosa señora
que los hombres lloran como las mujeres
porque tienen débil como ellas el alma.

No, no pude evitarlo,
la pena es muy negra,
la envidia de amor
es mala consejera,
y cuando la sangre se enrrabie en las venas
no hay nada que pueda calmarlas.

Una noche lo esperé allá abajo,
junto a la cañada,
retumbaba el trueno, llovía
y el frío al igual que en mis venas
hinchado bajaba.

Al fin lo alcancé a ver,
allí entre las sombras
venía cantando sus locas esperanzas,
bajo el brazo la alegre guitarra,
colgado al cinto un machete,
se acercó hasta mí, sereno, tranquilo,
me clavó en los ojos su fiera mirada,
y me dijo: “me esperabas!”
y entonces yo le contesté: “sí!”, te esperaba.

Y ya no nos dijimos más,
ni una sola palabra,
que era bravo el mozo!,
y los hombres machos no hablan, pelean.

Su machete me dijo sus ansias, sus amores,
su pecho hinchado respiraba,
en cada tajo ponía su alma,
pero más que el amor y los sueños
pudieron el odio y los celos.
Y al fin lo dejé tirado
junto a un charco de sangre,
y me dijo: “Quiérele que es buena!”
“Quiérela que es santa!”
“Quiérela como yo la quería,
que aunque me muero por ella
la llevo metida e el alma!”
y no pudo más.

La sangre cegó mis pupilas,
el machete temblábame
con rabia en las manos
y lo hundía una y mil veces
buscándole el alma
porque en el alma se llevaba a mi hembra.
Tuve celos señora ... tuve celos
que aquel muriéndose
se llevaba a mi hembra
y yo no quería que se la llevara.
(Ovidio Rincón, Colombia 1915 - 1996)



CONTRACANTO


Juntos andaremos aún
         el trecho inacabado
del espinosos sendero
         que sin rumbo
                   viene y va.

Camino incierto
         que amenazador asoma
nuevamente,
         como si no fuera suficiente
el que juntos comulguemos
         ante el cáliz infantil
                   que cayó de nuestras manos.

Juntos ante la hostia amarga
que a recibir nos apuramos,
como tratando vanamente en esa prisa
         apaciguar en algo
                   nuestra culpa.

Juntos, siempre juntos,
         llevando a rastras el madero
que unió nuestras vidas
         y que hoy,
después de la tempestad sin calma
         que azota nuestras almas,
nos condena a la eterna soledad
                   de vivir juntos.

Juntos veremos
         ocultarse al sol
sin esperanza.
Juntos recordaremos
         lo que queremos 
olvidar.
Juntos como dos extraños
         conoceremos al fin
el rostro envejecido
         del amor ante la muerte.
(Guillermo Delgado, Perú 1954)




CUENTOS


LA SOGA
(por Guillermo Delgado)

Habiendo caído en desgracia, un campesino no pudo seguir sembrando la tierra, provocando con ello la furia del rey, dueño de toda la región.  El hombre, acompañado de su hijo, se acercó hasta el castillo donde habitaba el monarca.

-       Mi señor, dijo el campesino, me postro de rodillas ante ti suplicando tu comprensión.  La muerte de mi mujer ha cubierto mi corazón de pena tan grande que durante mucho tiempo no  pude tomar el arado, pero ahora, ya recuperado en algo mi ánimo, te ruego me permitas retomar mi trabajo, pues, sino, yo y mi pequeño hijo moriremos de hambre.

-       Lárgate de mi presencia, vago infame, tronó la voz del rey.


El campesino se  puso de pie y con voz solemne, replicó:

-       Sois el poder en esta región, pero no es digno de ti que me llames vagabundo cuando tantas veces te he servido con lealtad y honradez.

Al ver que el campesino no daba señas de marcharse, y ya con el ánimo contrariado, el rey tomó una soga y le dijo al campesino, cuyo pequeño hijo se había aferrado a las piernas de su padre temeroso de aquel hombre de voz grave que sobre la cabeza llevaba una diadema de oro reluciente.

-       No te daré un arado, lo que te daré es esta soga, a ver si de algo te sirve.

El campesino cogió la soga y la acercó a su pecho.  Luego, antes de marcharse, con voz rencorosa dijo al rey.

-       Sí, la llevaré conmigo, pero que no te quepa la menor duda que algún día te la devolveré.

Las estaciones se sucedieron y el buen clima trajo prosperidad al rey, pero no por ello el insensible monarca trató de ser más gentil con sus súbditos, por el contrario se fue volviendo más exigente con ellos a medida que crecía su ambición.

En tanto, el campesino  despreciado por el rey había trajinado junto a su hijo por varios lugares desempeñando diferentes oficios: carpintero, avituallador, cerero, especiero, vinatero, portero y hasta de aguador, pero todos aquellos trabajos eran inestables y lo que ganaba sólo le alcanzaba para comer él y su hijo.  Un día el campesino llegó al sucucho que compartía con su hijo y le dijo:

-       No me gusta nada el trabajo que he conseguido, mas  es lo único disponible que he podido encontrar, hijo mío.
Pero llegó el momento en que el mal tiempo se ensañó con aquel reino de injusticia.  La falta de lluvia trajo consigo una sequía como jamás se hubo visto en las tierras del rey.  El monarca enfurecido, culpaba a sus súbditos de la mala suerte que lo aquejaba.  Años más tarde, empobrecido y sin poder alguno, anduvo deambulando de región en región, mendigando algún bocado que llevarse a la boca.  Nadie, quizá por el recuerdo de haber sido un rey malvado, se dignó a brindarle ayuda.  Desesperado, el rey robó unas joyas a unos comerciantes a quienes asaltó en un camino.

Atrapado a los pocos días, el rey fue llevado a prisión y condenado  a muerte.  Ya en el cadalso y a punto de ser ahorcado, el rey pidió al verdugo una última voluntad.

-       Sí, por supuesto, contestó el hombre enmascarado sin preocuparse por saber cuál sería la petición del rey.

El verdugo se sacó el paño negro que cubría su cabeza y tomando la soga que tenía entre sus manos, la anudó en el cuello del condenado diciéndole:

-       Te devuelvo la soga que me diste, y cayó la trampa.

Wolfsschanze, enero 5 del 2001.






ANÉCDOTAS

2903: Estaba Washington sentado a la mesa, como invitado de honor en casa de unos amigos, y se quejó de que el fuego de la chimenea, que le quedaba detrás, era demasiado fuerte.
-       Pero, señor – díjole uno de los invitados, bromeando –, un general tiene que estar acostumbrado a resistir el fuego.
-       De acuerdo, amigo – contestó Washington al instante –; pero no cuadra a un general recibirlo de espaldas.



3124: El gran éxito que desde el primer momento obtuvo la novela de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo (1984), popularizó el castillo de If, donde la fantasía del famoso escritor encerró al protagonista de dicha obra y al extraño abate Faria. Tal fue la sugestión del público, que muchos curiosos acudían a la tétrica fortaleza, deseosos de contemplar de cerca el escenario de aquellos apasionantes capítulos; el guardián del castillo, dándose cuenta de lo que sucedía, no dudaba en enseñar a los visitantes los calabozos de Edmundo Dantés y de su compañero de cautiverio, lo que le valía las propinas correspondientes.
Un día llegó al castillo cierto señor bien trajeado, gordo, de pelo rizado y tez que pasaba de castaño oscuro.

El guardián le llevó al calabozo del futuro Conde de Montecristo.

-       Vaya, hombre, vaya – dijo el visitante –, ¿conque conoció usted al buen Edmundo?
-       Sí, señor, y tal lastima me daba el pobre muchacho que algunas veces le aumenté la ración y le llevé un cuartillo de vino. Ya ve usted; fue una injusticia la que con él se cometió.
-       Muy bien; esos sentimientos le honran a usted. Y diga: después cuando fue rico, ¿no le mostró a usted su gratitud?

-       Ya lo creo. Aparte del dinero que me dio por el manuscrito del número veintisiete, veinte años después de su fuga me envió su retrato y el de su esposa, muy guapa, por cierto.

-       Perfectamente; es usted un buen hombre y aquí tiene usted por lo que hizo por mi hijo.

Y el visitante depositó en manos del guardián un luis y una tarjeta; en ésta se leía: Alejandro Dumas.






CITAS CITABLES


Lo único que mantiene activo al hombre es la energía. ¿Y qué es la energía, sino el amor a la vida?
-       Louis Auchincloss



Una vez desgarrada una reputación, quizá pueda repararse, pero el mundo mantendrá la vista fija en el lugar donde estuvo el desgarrón.
-       Citado por The News, de Detroit



No es necesario que adquiramos la humildad: la llevamos en nosotros mismos… sólo que nos humillamos ante dioses falsos.
-       Simone Weil



Las tentaciones son como los vagabundos: si los trata uno bien, vuelven… con sus amigos.
-       Meggido Message



El buen médico es el que logra mantener calmado al paciente mientras la Naturaleza tiene tiempo de curarlo.
-       News – Sentinel, de Koxville



Hoy el escuchar ésta pasado de moda. También lo está el silencio. Cada persona viaja a solas en una pequeña cápsula azul de indignación.
-       Thomas Merton

El tiempo sazona a la gente, como sazona al vino… con tal que las uvas sean buenas.
-       Emmet LeCompte



Es condición natural del hombre el sacar la cara, pero sólo vale la pena conocerlo cuando está desprevenido, con la cabeza en alto y el corazón en la mano.
-       Robert Farrar Capon



Lo malo del corazón es que está muy cerca del estómago.
-       Sinlogismo de Soflocleto




La inflación se puede definir como la virtud por la cual los globos se hinchan y las pastillas de chocolate se achican.