MACONDO
REVISTA
CULTURAL ELABORADA POR GUILLERMO DELGADO Y MILAGROS MORA BRITO.
Lima, enero del 2015 Número 09
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| Jorge Bacacorzo, Perú 1927 - 2006. |
POESÍA
Ven acá
granuja, ¿dónde andas so guaja?
hoy te
mondo los huesos a palos,
no llores
ni juyas, porque no te escapas.
Yo no sé lo
que hacer ya contigo
me tienes
mu jarta.
A ti ya no
te valen razones
A ti ya no
te valen palabras,
ni riñas,
ni encierros
ni golpes,
ni nada.
Te dije al
marcharme “Levántate pronto
y estira
los guesos y dobla las mantas,
y enciende
la lumbre, arrima el puchero
y enjuaga
las ollas, y barre la casa”.
Y vengo y
me encuentro grandísimo pillo
la lumbre
sin brasa; la puchera sin caldo ni pringue
la vivienda
pero que una cuadra
la burra
sin pieso, las pilas sin agua
¿segaste la
hierba? ¿trajiste la paja?
¿regaste
los tiestos? ¿cerniste la harina?
¿clavaste
la estaca? ¿comió la cordera?
¿bebió la
lechona? ¿cogiste los huevos?
¿mudaste la
cabra?
¿Y a ti que
te importa? Pa que quieres cansarte
si aquí
esta burra que to te loaga.
Te piensas
granuja, que ha de estar tu madre
jechita una
negra, quemándose el alma
pa que tú
me malgastes el tiempo,
que da más
que lástima,
jecho un
ropasueltas, jecho un rajamantas,
por esas
callejas detrás de los perros
por esos
regatos tirando a las ranas
o buscando
nios por las zarzamoras,
¿qué así
estas de lindo, grandísimo guaja?
¿Y ese
siete tan guapo en la blusa?
¿y esos
pantalones tan llenos de manchas?
¡Qué gorra
más limpia!
¡Qué medias
tan majas!
¡Qué pelos
tan lindos!
¡Qué codos!
¡qué cuello, que punos, que mangas!
Yo no sé lo
que hacer ya contigo, me tienes mu jarta.
De sobra
conoces que somos solitos
que ya no
tenemos quien nos lo ganaba
que la vida
de toitos los pobres
es vida de
lágrimas...
Pero ni por
esas
A ti que
dejen roncando en la cama,
y te pongan
la mesa tres veces,
y rueden
los días y viva la holganza.
Súbete esos
calzones, so pillo;
átate esos
zapatos, so randa;
límpiate
esos mocos
lávate esa
cara.
Y vete ahorita mismo donde no te vea
que me
tienes, ¡me tienes mu jarta!
¡Te aseguro
chiquitín, te aseguro
que esto se
te acaba
en dende
mañana a la cola del burro
conmigo a
la plaza, conmigo al molino
conmigo a
la jaza, a suar fatigas
a mojarte
el alma!
Ya verás
con que agobios se gana
ese pan que
tan cómodamente a lo bobo
a lo bobo
te zampas,
La aurora
se acerca esplendida diáfana
lentamente
despliegan los campos
su manto de
escarcha.
La madre
afanosa, se tira del lecho
y sus
toscos aperos prepara
que ya
espera, más ruda que nunca
la lóbrega
tarea diaria;
se acerca a
la cama
donde el
niño cándido tranquilo descansa.
Un instante
contempla amorosa
su faz
sonrosada
y después
con cariño ferviente
dando un
beso en sus labios exclama:
¿Yo?
¡turbar ese sueño tan dulce!...
no fuera
quien soy, ni tuviera entrañas
¡Juega y
brinca y destroza Hijo mío!
¡Tu madre,
tu madre lo gana!
(Vicente Neyra, )
POEMA XIII
| Cecilia Bustamante |
Yo soy quien
bajo la lluvia temblaba de ternura
y escuchaba
rodar el agua por el aire.
La pérdida
amada de alguien
a quien todos
miran.
Soy ante sus
ojos el viento y todo lo que pasa
y también el
zumbido final del trueno.
El lugar
donde soñar es posible,
Tu mano
izquierda y tu corazón.
La que
descubres y amas. Soy su cuerpo
y la gran
tormenta
que derriba y
resucita entre sus labios.
Lo que
tiernamente se nos da en los frutos
Y lo que al
final, nunca se olvida.
(Cecilia
Bustamante, Perú 1932 - 2006)
CANCIÓN DE LA MUJER ERGUIDA
ERGUIDA amor, erguida
la montaña sube,
y como flor del
viento
apura al rojo día.
Rotas las viejas
penas,
la gran tristeza
muda,
erguida amor,
erguida,
anima al guerrillero.
Como la flor del
viento
de la montaña baja
y cuenta a las
mujeres
cómo el Perú florece,
cómo los esqueletos
de rojos guerrilleros
levantan batallones
para matar la muerte.
Erguida amor, erguida
después de beber vino
de amor y nuevo día
a la montaña vuelve
y como flor del
viento
con las botellas
rojas,
erguida amor,
erguida,
ayuda al guerrillero.
(Jorge
Bacacorzo, Perú 1927 - 2006)
CUENTO
YAWAR Y LOS CÓNDORES
(por Guillermo Delgado)
“Saltó el Misitu, se fue de
frente; pero con el griterío que salió de toda la plaza sacudió la cabeza, y se
quedó en medio del ruedo, con el cogote levantado, bien alto, apuntando hacia
arriba con sus astas”
“YAWAR FIESTA”
“JOSÉ MARÍA ARGUEDAS”
Yawar trepó por la falda del cerro, entre pedruscos y rocas
afiladas como puntas de atrevidos cuchillos; sus ojotas gastadas iban dejando
atrás la fría mañana cuyo cielo nublado iba oscureciendo lentamente. Mientras
los cóndores sobrevolaban a media altura, abajo, rodeado por una cerca de madera
y alambre acerado, el toro de don Carlos Chinga bufaba enfurecido como
reclamando ante sí, imponente y soberbio, la presencia del indio responsable de
alimentarlo.
Mientras tanto, el indio preparaba las largas tiras de tripa de
venado y vicuña que iba colocando al pie de aquella pequeña cueva que coronaba
la cumbre del cerro Torkokocha. Ahí, escondido tras unas secas ramas y
protegido de una suave garúa matutina, Yawar miraba con el deslumbre de la
primera vez como los cóndores hundían sus fuertes picos curvos como garabatos.
La extensión ingente de sus alas de plumaje negro oscurecían la visibilidad de
la cueva donde todas las mañanas, como una ceremonia mágica y sagrada, Yawar
daba de comer a aquellas solitarias aves que de picotazo en picotazo espiaban
la presencia del indio sin temor alguno.
El malhumor del toro de don Carlos Chinga había llamado la
atención de los perros, quienes en gran número se avecinaron hasta la cerca,
ladrando afanosamente. Tal barullo canino no hizo más que aumentar la tensión
de la bestia cuyas astas hincaban el aire una y otra vez, dibujando curvas
imaginarias. Por huir de aquellas fauces amedrentadoras, el toro retrocedió
bruscamente llevándose de encuentro uno de los maderos que servían de sostén a
las tablas verticales de la cerca. Los gritos y maldiciones de don Carlos
Chinga por la ausencia del indio Yawar, y por el nerviosismo del toro
enloquecido no se dejaron esperar.
- Maldito, indio de mierda, gritó don Carlos
Ya el indio Yawar había bajado a grandes trancos el Torkokocha y
pudo percibir el aire enrarecido por el encolerizado patrón. El primer latigazo
zumbó cerca de su oreja izquierda y rasgando parte de su mejilla y enrojeciendo
la punta de su nariz; el segundo lo tumbó a pocos metros de la cerca donde el toro
asomaba su lengua entre belfos espumosos. Toda la furia del toro y del patrón
parecieron juntarse en un ritual satánico donde el cuero zigzagueante buscaba
las carnes del indio quien sin chistar asimilaba el castigo, mordiendo su dolor
y su amargura con resignación.
Al mediar la tarde, cuando la luna asomaba tímida por entre las
cumbres rocosas, el indio Yawar, subía hacia la cima de Torkokocha. Ya no
trepaba; su cuerpo era arrastrado por el último hálito que parecía abandonarlo
y condenarlo a vivir su hora más negra. A duras penas entró en la cueva donde
acostumbraba parapetarse para dar de comer a los cóndores.
Unos tenues rayos lunares dejaban ver unos surcos sanguinolentos
que desfiguraban su espalda. No había lamentos ni quejidos. Sólo unas lágrimas
de impotencia humedecían el suelo de aquella caverna milenaria. Cuando el indio
Yawar mordió la tierra reseca, un alargado cuello con la cabeza semipelada
asomó en la entrada. Unos ojos redondos lo miraron fijamente. La espalda
lacerada del indio dejaba ver una piel hecha jirones semejantes a las tiras
rojizas de ciervo y vicuña que tantas veces había comido con fruición.
A los pocos minutos, dos alas enormes cruzaron la noche. Un vuelo
silencioso, mortecino y rasante atravesó el patio de la casa donde el patrón y
el toro dormían plácidamente. Unos ojos redondos miraron el lomo lustroso y la
testuz relumbrante de aquel enorme animal cuyos cuernos apuntaban hacia el
cielo estrellado.
Como una rama desprendida de un árbol, el ave se dejó caer sobre
la grupa del toro montaraz, las garras del cóndor se prendieron del animal
mientras su pico arrancaba los primeros guiñapos de carne fresca. La reacción
del toro fue violenta: corcoveos y saltos en el aire acompasaban con unos
bramidos que hendían el cielo. Ni la banderilla del banderillero más diestro
hubiera clavado más hondo ni con mayor crueldad en el lomo de la bestia el
granítico pico que parecía vengar la muerte del indio Yawar.
Luego de traer abajo la cerca, el toro corrió sin rumbo por los
campos con el cóndor sobre el lomo. Trabados en titánica lucha, las astas del
toro buscaban infructuosamente las alas extendidas del cóndor cuyo pico
cubierto de sangre, seguía buscando las carnes del animal, que, ya extenuado
por la sangre derramada y por su loca corrida, parecía sucumbir en las sombras
de la noche.
Muchos indios desde sus chozas miserables vieron con asombro pasar
ante sus ojos a aquel toro alado que parecía hundir lentamente la cabeza entre
la hierba. Toro, indio y cóndor habrían de quedar unidos por siempre en aquel
espectáculo, mezcla de sangre y sadismo, como una fiesta del diablo en honor al
indio Yawar.
ANÉCDOTAS
118: Dio Voltaire con sus huesos en la Bastilla a
consecuencia de su famosa sátira Puero
regnante, enderezada contra el Duque de Orléans, regente de Francia. La
prisión le resultó providencial; allí terminó El Edipo, que estrenado el 18 de
noviembre de 1718 obtuvo un éxito clamoroso; el éxito le reconcilió con su
padre, y, además, como dedicara la obra al Regente, éste, ganado por las
bellezas que contenía, le concedió la libertad.
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| Francois Marie Arouet, más conocido como Voltaire, Francia en 1694 - 1778. |
Fue Voltaire a expresarle su agradecimiento, y el
Duque de Orléans le dijo:
- Sed
prudente y me cuidaré de vos.
A lo
que contestó la futura gloria de Francia:
- Os
quedo infinitamente obligado, Señor; pero suplico a Vuestra Alteza que no se
encargue de mi alojamiento ni de mi alimentación.
También se ha referido que en la súplica dijo:
- … que
no se encargue de mi alojamiento, aunque sí de mi alimentación.
2088: El capitán Francisco de Carbajal – que a veces ha
sido llamado Gonzalo de Carbajal – es una figura muy curiosa entre los
conquistadores de América, donde alcanzó triste celebridad por sus crueldades y
el sobrenombre de “el demonio de los Andes”. Audaz y valiente, se llegó a decir
que él y su caballo andaban por los aires…
Pese al buen sentido que había acreditado en otros
menesteres – algunos nada limpios – decidió poner su espada – que con tanto
ardimiento había esgrimido en Pavía y en Rávena – al servicio de la causa de
Gonzalo Pizarro, cuando éste, en el Perú, se rebeló contra el Rey de España.
Por sorpresa, con cincuenta de los suyos, el 27 de
octubre de 1544 se apoderó de Lima y, conforme a sus procedimientos
expeditivos, puso en prisión a cuantos sospechaba desafectos a la causa que
defendía, ahorcando a un par de los más significativos.
Seguidamente, invitó a los licenciados componentes
de la Real Audiencia a reconocer en solemne acta al Muy Magnifico Gonzalo
Pizarro como gobernador. La unanimidad fue completa, pero el anciano oidor
Zárate, por encima de su firma dejó escrito: “Juro a Dios y a esta cruz y a las
palabras de los Santos Evangelios que firmo por tres motivos: por miedo, por
miedo y por miedo”.
“Los tres motivos del oidor” llegó a hacerse
proverbial en Lima para significar alguna conducta en circunstancias más o
menos parecidas a la relatada.
CITAS
PERDURABLES
La
conciencia es un juez que siempre está en casa.
- Emilio
Herrera
Somos el pasado del mañana.
- Mary
Webb.
No permitas que lo que no puedes hacer interfiera en lo que sí puedes hacer.
- Jhon
Wooden
La conjetura de un economista puede ser tan buena como la de cualquier otra persona.
- Will
Rogers
Muchas veces he andado a la deriva, pero siempre me he mantenido a flote.
- David
Berry
A menudo se encuentra al destino en el camino que se tomó para evitarlo.
- Jean
de la Fontaine
Santo es quien escucha a otra persona relatar sus penas, y no le cuenta luego las suyas.
- Doctor
Andrew Mason
La
gente está siempre imponiéndose normas y buscando siempre la manera de
evadirlas.
- William
Rotsler
Nada
puede ser más útil a un hombre, que la determinación de no dejarse apresurar.
- Henry
David Thoreau
No es
posible reformar a las personas. Nuestra tarea consiste en hacernos mejores y
en hacer feliz a los demás; y eso basta para mantenernos.
- Joseph
Fort Newton
La disciplina
no es perder de vista lo que se quiere alcanzar.
- David
Campbell
Uno
de los placeres más perdurables que se pueden experimentar es la sensación que
nos invade cuando perdonamos de corazón a una enemigo, lo sepa él o no.
- O. A.
Bautista.
El
pesimismo jamás ganó una batalla.
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| Dwight D. Eisenhower, político y militar. Estados Unidos 1890 - 1969 |
- Dwight
D. Eisenhower




